Opinión | La balanza inmóvil
La cátedra
Sea o no delito lo realizado por Begoña, lo que no cabe duda es que éticamente es inaceptable, y más de uno queda retratado por ello

La mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, durante la Comisión de Investigación sobre programas de cátedras y postgrados de la Universidad Complutense de Madrid y empresas financiadoras, en la Asamblea de Madrid. / Eduardo Parra - Europa Press
Y dice Begoña: la Universidad Complutense no ha sufrido ningún perjuicio económico por mi culpa, pues existe un superávit a favor de la entidad pública. Probablemente, debería celebrar como mío el día internacional de hoy, pues no entiendo nada. Hoy, está dedicado a ese mamífero doméstico resistente y trabajador, utilizado históricamente para carga y transporte, que simboliza la terquedad, pero también el esfuerzo y la resistencia. Es el burro.
No entiendo esa defensa basada en que la Complutense cierra sus arcas con superávit, pues qué tiene eso que ver con que sin haber estudiado ni un curso de una carrera universitaria, solicite una cátedra con la obtención quizás de unos beneficios económicos y personales, para superar el posible trauma de no haber sido universitaria. Todo ello, además, usando presuntamente el cargo de su marido y la ayuda de una empleada pública. Me recuerdan esas afirmaciones de la amada de Sánchez a lo que en más de una ocasión he oído en un juicio cuando el acusado ejercía como médico sin serlo. Los testigos que en su defensa declaraban decían siempre lo mismo. A mí me ha ido muy bien con él, me curó. Vamos a ver, que posiblemente sea verdad y que un médico titulado a lo peor no hubiera acertado en el diagnóstico a la primera. Pero, dos cosas, primera, eso son hipótesis futuribles, que el derecho nunca puede amparar; y segundo, no se trata de que lo hiciera bien o mal -porque si lo hubiera hecho mal además del delito de intrusismo podría ser acusado de homicidio por imprudencia o de lesiones-, sino simplemente que no se puede ejercer la medicina, sin ser médico. Pues eso, como diría el número uno según Aldama, no importa que la Complutense tenga o no beneficios, ni siquiera que su actuación le causara o no perjuicios económicos, se trata solamente de que usted no puede dirigir una cátedra sin ser catedrática o profesora universitaria al menos. Y ya les vale también a los que se dejaron seducir, querer o influenciar por Begoña, o por su secretaria particular, pues son casi tan responsables como ella de este despropósito. El fiscal no acusa a Begoña de ningún delito, pero al menos dice que esa conducta es «indeseable». Algo es algo, visto lo visto con la anterior jefatura estatal de ese ministerio, y espero que su actual sucesora no siga esa tradición. Ya veremos. De todas formas, es necesario esperar a lo que diga la Audiencia de Madrid en relación a los recursos de apelación planteados por la defensa y por el ministerio fiscal, frente a la decisión del juez Peinado de ser juzgada Begoña por cuatro delitos a través de un jurado popular. Puede ser que ese tribunal confirme la decisión del juez, o que confirme todo menos que sea un jurado popular quien la juzgue, o que le quite algún delito o, por último, que rechace todo y sobresea la causa.
En cualquier caso, hay dos cosas ya indiscutibles e inalterables. Una es la vergüenza monumental que un ministro de Justicia cargue de esa manera contra un juez, sin respetar su independencia y los pasos procesales para corregir su decisión si es errónea. Y la segunda, que sea o no delito o delitos lo realizado por Begoña, lo que no cabe duda es que éticamente es inaceptable, y más de uno queda retratado por ello, tanto política como universitariamente. Los procesos penales contra su mujer, y contra los hermanos de sangre y políticos del increíble pero cierto don Tancredo, resistente y encajador presidente del gobierno, lo acorralan cada vez más. Le echan para tras sus propuestas legislativas sus propios socios del gobierno. No es capaz de presentar, años ya, los presupuestos generales del Estado. No puede salir a la calle sin que le reprochen sus actuaciones en beneficio de unos pocos y en contra del bien común. Y, por si fuera poco, ahora aparece una espada de Damocles llamada Aldama acerca de la financiación ilegal, y también aparece que hace años trató de hacer trampas a los propios de su partido en unas elecciones primarias. ¿Hay quien dé más? Pues sí, Yolanda, que a menudo pide al pueblo español que salga a la calle a manifestarse contra quien sea, antes fue contra los jueces, y ahora es contra el gobierno, es decir contra ella misma. Lo malo de todo ello es que ya ni nos sorprenden sus manifestaciones, ni tampoco que exista tanta corrupción en España. Están coincidiendo en el tiempo actualmente tres juicios por corrupción: el del clan Pujol, el de la Kitchen y el de las mascarillas. Y lo que queda ¡Qué país! n
Suscríbete para seguir leyendo
- Detenido en Murcia un ginecólogo de la Arrixaca por agredir sexualmente a una paciente
- Detienen a una pareja británica por el intento de asesinato de un joven en San Javier: le descerrajaron cuatro tiros por la espalda en un ajuste de cuentas
- El ginecólogo de Murcia acusado de agredir sexualmente a una mujer sigue trabajando en la Arrixaca: la víctima es cambiada de zona del hospital para que no se vean
- Alarma por otros dos incendios en Los Garres, uno en la zona ya quemada y el otro en un terreno agrícola muy cercano
- Agua Bar, Equilibrio, La Calle… la noche perdida de Cartagena que muchos todavía no han olvidado
- Dos ancianos mueren en un accidente de tráfico en Fuente Álamo tras volcar con el coche
- Así se prepara el Segura para la próxima gran riada: corredores verdes, parques inundables y nuevos cauces
- El Real Murcia tiene una deuda con Hacienda de 785.000 euros a pagar antes del 22 de junio
