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Opinión | Misa de doce

Ángel Cruz

Ángel Cruz

Director de la Filmoteca Regional

La arruga es bella

Retinol, ácido hialuronico, vitamina C.. Seguro que para muchos de ustedes estos productos forman parte de su liturgia diaria frente al espejo, un espejo que hoy, más que nunca, se ha convertido en uno de nuestros peores enemigos.

Tengo la sensación de que la sociedad actual vive ,vivimos, en una permanente contradicción ya que hemos convertido la vejez en un destino deseado y a la vez negado.

Esto es, por un lado, ansiamos ser eternos y prolongar la vida todo lo posible y por otro, rechazamos la idea de hacernos mayores. Parece como si el envejecimiento hubiera dejado de formar parte de nuestro proceso vital y se hubiera convertido en un peligro. Envejecer ya no es una etapa, es una amenaza.

Ya hemos comentado en otras ocasiones cómo en muchas sociedades de la antigüedad la ancianidad era respetada, incluso venerada, y cómo deberíamos recuperar hoy ese ejemplo, ya que una sociedad que honra a sus mayores es, en el fondo, una sociedad más sabia y más justa.

Reconozco que últimamente he tenido que tragarme mis propias palabras, y no es para menos. Netanyahu, Putin y Trump, setenta y seis, setenta y tres y setenta y nueve primaveras, respectivamente los contemplan, no son precisamente gerontes que inviten a ser imitados. Pero supongo que son la excepción que confirma la regla, y por ello no deberíamos de dejar de reivindicar la vejez y la madurez como baluartes de la razón y pilares fundamentales de nuestra sociedad.

Vuelvo a traer este tema a colación porque el pasado lunes, en la MET Gala celebrada en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el cantante Bad Bunny, a quien ya llegamos a proponer en esta columna como candidato al Premio Nobel de la Paz, rindió un particular homenaje a la vejez envejecimiento su cuerpo unos cincuenta años y apareciendo ante los fotógrafos con el pelo canoso, barba blanca y el rostro surcado de arrugas desafiando, de este modo,los cánones de belleza tradicionales de la industria de la moda.

Una propuesta que no resulta casual ni baladí ya que dialoga directamente con el leitmotiv planteado este año por el Instituto del Traje del Museo: la reflexión sobre las múltiples formas del cuerpo y, especialmente sobre su transformación con el paso de los años. Y es que, desgraciadamente, en el universo de las pasarelas, y en general en casi todos los ámbitos, los cuerpos marchitos y envejecidos quedan relegados al ostracismo debido a nuestra obsesión por la juventud.

Recuerdo que en los años ochenta y noventa se puso de moda el eslogan «la arruga es bella», popularizado por Adolfo Domínguez, quien defendía que la ropa arrugada también podía ser elegante; algo que, por cierto, bien podríamos aplicar a nuestro propio proceso de envejecimiento. Porque cada cana, cada arruga que nos sale, es parte de nuestro relato vital: son las cicatrices visibles de la historia y el camino que hemos recorrido.. Por eso no deberíamos esconderlas bajo filtros y maquillaje, pues nos recuerdan quiénes fuimos, quiénes somos y todo lo que hemos sido capaces de experimentar. Son la película de nuestra vida proyectada en el rostro, ofrecida al mundo sin efectos especiales, sin artificio, como una gran obra maestra del cinéma vérité.

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