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Opinión | +Mujeres

La no maternidad deseada

Una mujer embarazada

Una mujer embarazada / David Zorrakino - Europa Press

A principios del siglo XX, Theodore Roosevelt manifestó, ante una asociación de madres, un profundo desprecio por las mujeres que optaban por no concebir, comparándolas con los soldados que huyen en combate. Para él «las mujeres sin hijos son tan útiles como el pan sin levadura». El rol materno era el prioritario, un deber patriótico. Más recientemente, en 2021, otro político norteamericano usó el término peyorativo cat ladies para referirse a las políticas demócratas, Kamala Harris y Alexandra Ocasio- Cortez, de quienes dijo «mujeres sin hijos que se sienten miserables con sus propias vidas y las decisiones que han tomado», añadiendo que deberían pagar impuestos más altos. Desgraciadamente, todavía hoy, hay una parte de la población que realmente cree que tener hijos es, además de un deber cívico, algo que da sentido a la vida de las mujeres.

Hace décadas no cabía la opción de elegir ser madre o no, pero hoy tenemos el privilegio de vivir en una época en la que hay más diversidad, más opciones para las que quieren ser madres, y para las que no; para las que ven la maternidad como un deseo, no como un mandato. Mujeres que desafían los estereotipos de género y que priorizan otras cosas, como el crecimiento personal.

Aun así, la presión que la sociedad ejerce sobre las mujeres en relación con la maternidad sigue existiendo porque lo normativo, lo natural y universal es querer ser madre. Raras veces se pregunta a una mujer, y menos a un hombre, por qué quiere tener un hijo. Por el contrario, la negativa tiene que justificarse muy bien; se sigue pensando que una mujer no se puede sentir «completa y realizada» si no ha sido madre; la maternidad es nuestro proyecto de vida, lo que nos va a dar plenitud. Todavía hoy escuchamos esos comentariosque para algunas pueden resultar hasta irritantes: «Ya cambiarás de idea«, «cuando encuentres al definitivo, seguro que te apetece» o «te arrepentirás cuando seas mayor». Detrás de estas palabras hay mucha incredulidad, porque no se piensa que esto sea posible; seguimos considerando el hecho de no ser madre por decisión propia como algo raro e incluso contra natura, porque se supone que todas tenemos que querer ser madres.

Sin embargo, muchas mujeres no sienten eso y lo han expresado abiertamente. Los motivos de esta decisión son, también, muy diversos: no querer traer un ser a este mundo en crisis, no sentir la necesidad de hacerlo, no sentirse preparada para dar el paso, no querer asumir los sacrificios que conlleva la maternidad y preferir una carrera profesional o, simplemente, no querer renunciar a la libertad y a la independencia. Estas mujeres se ponen a sí mismas en primer lugar y defienden la no maternidad como una posición social legítima, una decisión individual y tan respetable como la de ser madre.

Con el objetivo de visibilizar este modelo de vida ajeno a la maternidad, surgió el movimiento NoMo (Not Mothers o No Motherhood). El término fue acuñado en 2011 por Jody Day, una psicoterapeuta que creó Gateway Women, una red mundial de amistad y apoyo para mujeres que no pueden concebir. Hoy, el movimiento, tendencia o Generación NoMo engloba también a las mujeres que defienden su decisión de no ser madres, de seguir un modelo de vida ajeno a la maternidad. Este movimiento reclama que se deje de percibir la maternidad como la única forma que tiene la mujer de alcanzar la felicidad plena y acabar con las preconcepciones que perciben a las no madres como personas egoístas, inmaduras y poco femeninas.

Los estereotipos, las presiones y expectativas sociales que sufren las mujeres que no quieren ser madres son el tema central de la película española Mamífera, dirigida por Liliana Torres. La protagonista, Lola, durante los tres días obligatorios de reflexión que tienen que transcurrir tras solicitar la interrupción de su embarazo, hace un ejercicio de hacerse preguntas y de preguntar a las mujeres de su alrededor sobre la decisión de concebir. La Ley del aborto, aprobada en 2010, permitía la interrupción del embarazo hasta la semana 14 sin justificación médica y sin tener que dar explicaciones, pero obligaba a las mujeres a tres días de reflexión.

Lola es la única que no siente el deseo de ser madre y se pregunta el por qué; vive feliz con una pareja estable, tiene un trabajo que le gusta y cuida de su familia y amigas, que se apoyan en todo. Aunque parece completamente segura de su decisión, que mantiene hasta el final, siente el peso de llevar la contraria a una sociedad que la amenaza con un futuro de soledad.

La película plantea la necesidad de desvincular la identidad femenina de la maternidad, enfatizando la idea de la maternidad como un deseo, no un instinto, ni una necesidad, no un deber, ni un derecho.

Existe una preocupación por la caída de la natalidad; no es la primera vez en la historia. Las crisis económicas, sanitarias y los conflictos bélicos han sido, y son, las causas más comunes del descenso de la natalidad. En España, se estima que entre el 8 y el 10% de las mujeres no han querido o no quieren ser madres (Albert Steve, doctor en demografía).

El objetivo de todos los gobiernos debería ser la creación de políticas que permitan tener los hijos que se deseen y no políticas que nos obliguen a tenerlos cuando no los deseamos.

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