Opinión | La feliz gobernación
Baixauli, el reto del emprendedor

Samuel Baixauli, nuevo rector de la UMU. / Israel Sánchez
Para empezar, es preciso manejar bien el apellido. Se escribe con B, que va seguida de dos vocales: la primera del alfabeto, A, y la intermedia de la enumeración de éstas, I; a la segunda consonante, X, le siguen otras dos vocales: se repite la primera, A, acompañada esta vez de la última, U, y para concluir se incorpora una L, ligada en una sílaba final a una reaparecida I, sin acento ni tilde. Baixauli, tal como suena, de nombre Samuel. Mejor aprenderlo, aunque cueste, que utilizar una regla nemotécnica para escribirlo. Se trata de un apellido valenciano: su portador es natural de Torrent, o Torrente, la ciudad, no el personaje, de modo que es torrentino, en absoluto torrentiano.
Esta semana ha ganado sobradamente el rectorado de la UMU (58,56%) en las elecciones del Supermartes tras haber quedado segundo en la primera vuelta. Pero tras el cribado de las cinco candidaturas iniciales, se ha impuesto en la segunda en todas y cada una de las urnas sectoriales, incluida la de Estudiantes, que parecía el punto fuerte de su rival, Alicia Rubio.
Enmienda al lujanismo
La primera lectura de este resultado es que se trata de una enmienda al lujanismo. Tres de las candidaturas presentadas, incluida la que alcanzó a competir, estaban lideradas por representantes del gobierno del rector saliente, José Luján, ocho años al frente de la UMU, para el último periodo de cuatro sin que se le presentara alternativa. Pero ¿qué es el lujanismo? Una brillante gestión en el primer mandato que sirvió para revalidarse en el segundo, y un decaimiento muy notable durante el último tramo, con visibles síntomas del efecto del ‘pato cojo’: toma cerrada de decisiones, dilación de los asuntos polémicos, elusión de cuestiones estructurales y un dejar pasar a la espera de dar la vez. Por si se tratara solo de una impresión, el anuncio de su fichaje con muchos meses de antelación como secretario general de CROEM, cargo del que pronto tomará posesión, ha trazado un rastro de provisionalidad, de evasión, como de querer apartar de sí ese cáliz. La prisa para irse sin dejar una herencia de resquemor por su acción ha minado, sin embargo, su carisma, presentando el desentendimiento y la omisión, con razón o sin ella, como rasgos con que no perturbar su zona de confort. Esa fotofija, muy extendida, no oculta la dignidad con que ha vestido el cargo y la altura intelectual con que se ha desenvuelto, pero, a veces, en una trayectoria cuenta más la imagen de las dubitaciones finales, que es con lo que la gente se queda.
La continuidad del lujanismo ha aparecido demasiado atomizada, diluida en diversos delfinatos, de ahí que las opciones que se visibilizaban como tales no terminaban de reivindicarlo por completo y apelaban a otros factores de larga cambiada, como la posibilidad de inaugurar un rectorado femenino.
La potencia del cambio
En este contexto, la potencia del cambio cobraba más fuerza, y así ha resultado. Baixauli tomará los mandos de la Universidad para un periodo no renovable de seis años, según los nuevos estatutos, y lo hace con un programa que, aunque de tono moderado, parece concebido para corregir las fallas del lujanismo. En estos tiempos líquidos y volátiles los programas caducan muchas veces antes de ser ejecutados (véase la política); de aquí a seis años, en un mundo tan acelerado, es más que probable que los problemas sean otros que los actualmente detectados. No digo a seis años; digo al año que viene.
Las Universidades, como todo, están cambiando, y arrastran en muchos capítulos síntomas de obsolescencia y endogamia. Por ejemplo, en Murcia el dinamismo de la UCAM, ya con unos 25.000 alumnos, podría rebasar en pocos años a la UMU, lo que sería un grave toque de atención para la enseñanza pública superior. Ojo al dato: la falta de atracción de la UMU empuja hacia la Universidad privada.
Y está muy presente el reto de la Inteligencia Artificial, que ha venido a trastocarlo nuevamente todo, especialmente si no existe una adaptación paralela y una acotación de usos y límites. O la relación activa de la Universidad con la Formación Profesional, un capítulo muchas veces desdeñado por la tendencia al elitismo. O lo relativo a la financiación, que tal vez exigiría una mayor tensión reivindicativa sin pérdida de modos y maneras institucionales.
Estos apuntes, y otros como la apertura de mayores cauces de participación en el gobierno universitario, constituyen una alta preocupación en la comunidad de la UMU, y están en las primeras carpetas que, se ha de suponer, pondrá Baixauli sobre su mesa de despacho. Ya ha hablado de fortalecer la situación del personal universitario, de reformar las infraestructuras y de incorporar la opinión de los decanos, con voz y voto universal del colectivo, a las decisiones del equipo de gobierno. Cuestión esta de lo más interesante, pues el sistema de elección en los decanatos es independiente del que conforma el gobierno universitario, de manera que no habrá de coincidir necesariamente esta emanación de voto con la que conforma la mayoría del rectorado, lo que significa que podría crearse una fuerza de oposición interna incómoda para el establecimiento dirigente. Pero en tal caso se trataría de un contrapoder integrado en la gobernación, que siempre sería enriquecedor. Si esto no es una reforma global, proclamada como tal, podría hablarse, al menos en la intención, de un reseteo.
Calma tras la tempestad
Tras los incidentes registrados a lo largo de la campaña electoral, que alarmaron al personal dentro y fuera de la UMU, parece volver la calma (salvo todavía algunos sarpullidos tuiteros retardados) y hasta se percibe una sensación de alivio, porque el tajo apremia y el nuevo rector muestra un talante moderado y tolerante junto a un subrayado innovador, percibido éste como una necesidad, pero no demasiado inquietante todavía a efectos prácticos para los instalados.
Han empezado los reacomodos y las ofertas de colaboración de quienes estuvieron en otras trincheras, y es previsible que Baixauli no acometa escabechinas, entre otras cosas porque las alternativas son limitadas y, por otra parte, no sería un buen comienzo crear voluntariamente zonas de toxicidad. Su actitud conciliadora será pronto puesta a prueba, y no como un rasgo de generosidad personal, sino necesario por imprescindible para la eficacia.
La burbuja Rubio
La única burbuja, tal vez, la constituya el núcleo duro de su última oponente, pues ambas partes se han hecho algún daño en los forcejeos de la pugna. Alicia Rubio, en gesto coherente con lo que ya anunció acerca de una posibilidad de derrota, ha subido a sus stories de WhatsApp una foto en que aparece de espaldas, caminando probablemente por la calle de un pueblo, con mochila al hombro y arrastrando una trolley de tamaño moderado, en la que se supone que avanza hacia un retiro corto, tal vez solo durante el ‘puente’. «Si pierdo, no se acaba el mundo: soy polifacética, tengo muchas cosas que hacer», me dijo en su momento, e ironizó: «Si es así, ellos se lo pierden». Le queda aún por protagonizar un episodio: el de la denuncia judicial al entorno de Baixauli sobre uno de los ‘incidentes’. En algunos corrillos se asegura que una de las cosas que le pesaron fue el activismo de su marido, Longinos Marín, muy influyente en el circuito universitario, lo cual pudo transmitir una imagen de tutela, así como otros detectan la sombra de la experimentada mano en favor de Baixauli del exgerente de la Universidad Roque Ortiz, quien después fue concejal en el equipo de José Ballesta, lo cual habría denotado cierto oficialismo político.
Autoguía para la gestión
Baixauli, catedrático de Economía, tal vez pueda aplicar en su nueva dedicación las claves que maneja en uno de los libros que firma como coautor, titulado El reto de los emprendedores, cuya sinopsis indica que el texto «se centra en el análisis de los factores clave del proceso emprendedor. Profundiza en las fases que definen la iniciativa empresarial y la creación de empresas: inicio de la nueva actividad, trámites legales, factores contextuales, decisiones de financiación, innovación, perfil psicosocial y liderazgo emprendedor». Toda una guía, pues la UMU no deja de ser, en cierto modo, una de las primeras empresas de esta Región. Tiene ahora la oportunidad de que los capítulos referentes a la gestión de equipos, financiación, contextos sociales o innovación se trasladen de la teoría a la práctica.
El profeta Samuel
Samuel es el nombre de uno de los grandes profetas bíblicos, pero parece que no tuvo demasiado tino al ungir a Saúl como rey de los israelitas, pues pronto fue desobediente a Yavéh, de modo que no ha quedado como el mejor creador de equipos ejecutivos, pero finalmente ungió a David, personaje cumbre para la historia o para la leyenda. Samuel mostró una gran habilidad en llevar a cabo grandes cambios atendiendo a la literalidad de las leyes: resolvió la prohibición del matrimonio entre distintas tribus basándose en que en que tal censura solo se refería a los hombres, y diseñó una nueva combinatoria entre las mujeres, mostrándose como un gran precursor de Romanones, quien modelaba las leyes a través de los reglamentos, una tarea muy sugerente para practicar en la Universidad, donde toda rendija es buena para introducir sutiles cambios en los estatus que se tienen por acendrados. Todo está en la Biblia... y en el manual de Baixauli para los nuevos emprendedores.
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