Opinión | Tribuna libre
Victor Romera
Primero de mayo: nadie dijo que fuera a ser fácil

Varias personas durante la manifestación por el Día del Trabajador, a 1 de mayo de 2025 / Fernando Sánchez - Europa Press
Este año encaramos el primero de mayo en un escenario de contexto internacional que no deja espacio al optimismo. Cuando ya estábamos empezando a «recuperarnos» de todos los agravios que nos supuso pasar por una pandemia internacional o la guerra de Ucrania, aún latente pero guardada en un cajón, y sin haber superado el impacto de la destrucción de la franja de Gaza por la invasión israelí, nos encontramos en este año 2026 con otro conflicto bélico inventado por dirigentes políticos sin ningún tipo de escrúpulos y solo preocupados por sus espurios intereses económicos y de las multinacionales que representan, como las armamentísticas.
Y mientras algunos se dedican a matar gente inocente, la factura de esas guerras las pagamos los ciudadanos de a pie. No deja de ser curioso que al día siguiente de iniciarse al guerra de Irán, los precios de los carburantes en el surtidor de nuestras gasolineras ya habían subido de forma escandalosa, cuando lo cierto es que desde que ese carburante se compra el día de inicio del conflicto hasta que llegue a nuestras gasolineras pasan dos meses. Sin embargo nosotros ya estamos pagando las consecuencias, y financiamos de forma involuntaria este tipo de conflictos, donde por otra parte nunca van los que los promueven. Así cualquiera hace una guerra.
Pasado algo más de un mes desde el inicio del conflicto de Irán ya se notan sus consecuencias en la carestía de los precios, volviéndose a producir una espiral alcista parecida a la que ocurrió en 2022 cuando comenzó la guerra de Ucrania. Parece que volviera a repetirse una y otra vez la historia que, a nuestro pesar -si esto no cambia y no parece que vaya a suceder a corto plazo-, nos llevará a una situación donde el bolsillo de las personas se resentirá por una guerra injusta, innecesaria y cruel. Y lo peor de todo: de futuro muy incierto, como casi todas estas crisis bélicas.
Mientras tanto, en nuestro país estamos enfrascados en una discusión inventada e inflada por la ultraderecha y muy vacía de contenido -pero con muy mala intención- sobre la «prioridad nacional», pretendiendo en sus acuerdos de gobierno autonómicos imponer una hoja de ruta para una supuesta preferencia de acceso a derechos básicos para aquellas personas que tengan identidad española, dejando al margen y discriminando (aunque esta palabra no la quieren utilizar) a aquellas personas que han venido de otros países aunque lleven entre nosotros muchos años. Se olvida que este colectivo es fundamental para la construcción de nuestro estado del bienestar, obviando que sin esas personas muchos sectores de actividad carecerían de futuro o serían inviables por la carencia de mano de obra, sin ir más lejos en Murcia.
Pero ¿por qué no hablan de los problemas reales de la gente? ¿Dónde están sus propuestas en materia de vivienda, de sanidad, de educación, de dependencia, de servicios públicos, de transporte, de cambio climático, de medio ambiente, de agricultura, del futuro de las pensiones, de la industria, y un largo etcétera? Quizás es que no tienen nada que aportar al respecto y solo tienen un discurso vacío de contenido. Resulta más fácil enfrentarnos entre nosotros, enfrentar a la gente en los barrios, en las empresas, criticar a instituciones como los sindicatos o las personas migrantes, haciéndonos responsables de todos los males del planeta, confrontar con el objetivo de sacar rédito político.
Aquí en la Región de Murcia han intentado derrocar al sindicalismo de clase por la vía de la reforma de la ley de participación institucional, intentando eliminar cualquier huella del papel que la carta magna otorga a los sindicatos. De momento no lo han conseguido. Entienden que somos incómodos porque alzamos la voz frente a las instituciones y al lado de las causas perdidas y de las personas que peor lo tienen para la defensa de sus intereses. A pesar de todo y pase lo que pase, deben saber que los sindicatos seguiremos defendiendo los intereses de la clase trabajadora ante una Administración que debiera ser garante de sus derechos y de sus propias reivindicaciones.
Quizás por estas razones y por otras que ya están en el camino -como el acceso a una vivienda digna, cada año es más difícil para la clase trabajadora alquilar o comprar la vivienda habitual-, desde CC OO de la Región de Murcia tenemos claro que este 1º de mayo debemos, como todos los años, volver a salir a las calles, este año con el lema «Derechos, no Trincheras, Salarios, Vivienda y Democracia», en un territorio como la Región de Murcia donde más bajos son los salarios y menos crecen del país. Porque no está escrito que esto no se pueda cambiar, sobre todo sabiendo que los márgenes empresariales se encuentran en máximos históricos. Si los empresarios están ganando más dinero que nunca, ha llegado la hora del reparto de la riqueza y de los beneficios.
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