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Opinión | Misa de doce

Ángel Cruz

Ángel Cruz

Director de la Filmoteca Regional

León XIV, prioridad mundial

El papa León XIV

El papa León XIV / EP

Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoá fue un documento promovido por Juan Pablo II y publicado por el Vaticano en 1998. En el mismo se mostró arrepentimiento por el acto de omisión de aquellos cristianos que, durante la II Guerra Mundial, miraron para otro lado durante la persecución de los judios; aunque, cabe matizar, que nunca cuestionó la labor del pontífice. Recordemos que la cúpula vaticana, liderada entonces por Pio XII, mantuvo una prudencia moralmente más que cuestionable con el fin de proteger la neutralidad de la Iglesia.

Rescato este trocito de historia porque parece que el relato está cambiando y al hilo de las declaraciones realizadas por Donald Trump en las que calificaba a León XIV como «débil ante el crimen» y «terrible para la política exterior», a raíz del pronunciamiento del papa en contra de la guerra y a favor de la paz, algo que a muchos de la santísima cofradía de «a Dios rogando y con el mazo dando» parece haber molestado.

Y es que la posición del pontífice ha sido una auténtica bofetada en plena mejilla para quienes se han alineado en torno al trumpismo y han barnizado su ideario con capas de políticas xenófobas y discriminatorias que chocan de frente con el mensaje evangélico que proclama el amor, la solidaridad y la paz.

Probablemente, a día de hoy, el mensaje del Nuevo Testamento se ha convertido en el arma más radical y poderosa para combatir los discursos de odio que amenazan nuestra convivencia, ya que reivindica el amor frente al odio, la paz frente a la violencia y nos invita a perdonar a quienes nos hieren.

En este sentido el obispo de Canarias, al hilo de la crisis migratoria, defendió recientemente la empatía con los migrantes y afirmó que «a mucha gente habría que meterla cinco días en un cayuco sin comer, para que se pongan en el lugar de los migrantes».

Como era de esperar, las críticas han llovido, en forma de diluvio bíblico, sobre el obispo canario por parte de quienes, disfrazados de beatos, conciben la Iglesia como una suerte de teatro al que acudir los domingos a hacer postureo moral y poner en remojo sus sucias conciencias para expiar así sus pecados.

Pero la Iglesia, afortunadamente, no es eso. No se reduce a la pompa litúrgica, al olor pastoso del incienso ni a la grandilocuencia de sus retablos. La Iglesia y su magisterio encuentran su verdadera fuerza en el amor al prójimo y no en el oropel ni en la puesta en escena de una ceremonia suntuosa.

Conviene recordar que, según el Nuevo Testamento, Jesús de Nazaret no se rodeó precisamente de la burguesía del momento sino que lo hizo de marginados, apestados y delincuentes al que hoy darían rostro y nombre los migrantes y personas en riesgo de exclusión. Convivió con ellos y los situó en el centro. Algo que choca frontalmente con los postulados de prioridad nacional que defienden algunos partidos ‘catolicísimos’, que han prostituido el mensaje de Jesucristo al hacer justo lo contrario a lo predicado en los evangelios.

Me alegra la valentía de la cúpula eclesiástica al enfrentarse a quienes solo conciben la violencia y levantan fronteras en un mundo donde todos somos iguales e hijos, quien lo crea, de Dios. Por ello, León XIV es una prioridad mundial.

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