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Opinión | Mujeres interesantes

María Martínez

María Artiñano de la Cierva, camarera de la Fuensanta

María Artiñano de la Cierva

María Artiñano de la Cierva

El manto de la Virgen de la Fuensanta, estrenado recientemente en seda azul y bordado en plata, recuerda que esta imagen de vestir necesita su camarera. Un cargo honorífico que desde hace casi cien años recae en el conocido apellido De la Cierva, y diez que está en manos de María Artiñano de la Cierva. Pone mucha delicadeza y mimo en el desempeño de cuidar el vestuario de la patrona, que tiene treinta y dos mantos. Anota todo lo que cada cierto tiempo limpia, viste y renueva (camisa, vestido, manto) para no repetir, salvo si la ocasión lo requiere. En Cuaresma, manto morado u oscuro en señal de respeto cuando baja del santuario a la catedral el jueves siguiente al Miércoles de Ceniza.

Camarera de la reina de los cielos, también las reinas de la tierra tuvieron a las suyas, y era un reconocimiento muy valorado, aunque ahora se les llame asesoras de imagen. La imagen es una representación que sirve para mediar y comunicar entre los humanos y la divinidad en muchas culturas. Sin salirnos de la nuestra, la católica tiene una amplia nómina de devociones marianas que vivifican el icono. Y lo exaltan con piropos, cánticos, rezos, liturgia, peticiones, procesiones, romerías, casi como un ser vivo, y no simple imagen.

La Fuensanta, como otras devociones, forma parte de la idiosincrasia local, de la tradición popular, religiosa y festera unidas en su loor. Y María, con la ilusión mantenida desde que su bisabuela María Codorniú y Boch en 1927 (año de la coronación de la patrona) fuese nombrada por el Cabildo camarera de la Fuensanta, ha seguido con la tradición familiar del cargo, que continuó en manos de su madre, Pilar de la Cierva, hasta que falleció con 96 años y el Cabildo la eligió para que la sucediese. A su madre la gente la tocaba como algo casi sagrado por su contacto con la Virgen. Ella repite que es feliz y tiene ilusión: se emociona cuando la gente joven mantiene viva esta devoción.

María, nacida en 1943, se casó con dieciocho años con el afamado arquitecto Fernando Garrido. Salió del colegio Sagrado Corazón para formar una familia. Tiene tres hijas y un hijo, pero ninguna vive en Murcia y el legado no podrá continuar, aunque no es hereditario sino vitalicio, salvo imponderables.

El 24 de abril de 2027 se conmemorará el Centenario de la coronación de la patrona y el papa para celebrarlo ha declarado en Murcia el año jubilar. María, la persona más cercana a La Señora, le preparará un magnífico vestuario, a ser posible de estreno, para tan solemne ocasión. Expectantes ante la belleza: ¡guapa!

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