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Opinión | Así somos

La guerra de los simios

Simios en el Bioparc de Fuengirola

Simios en el Bioparc de Fuengirola / Bioparc

En estos tiempos, bélicos y de incertidumbre, es razonable preguntar por lo que dice la ciencia acerca de la agresión y de las guerras. Parte de la violencia puede tener raíces en la herencia biológica y remontarse, por tanto, a la conducta de las especies más cercanas al ser humano. Algunos datos proceden de la observación de los primates no humanos, y en concreto de los chimpancés, que protagonizan con cierta frecuencia ataques violentos, solitarios o en grupo, contra otros miembros de su especie en disputas relacionadas con jerarquía, territorio, pareja sexual o alimentación.

La escisión

El primatólogo Aaron Sandel y sus colaboradores han estado estudiando una colonia de chimpancés de la región de Ngogo en Uganda. Han dado a conocer recientemente en Science que formaron parte durante muchos años de un mismo grupo, pero una división inicial en dos bandos concluyó en una separación territorial inestable y finalmente en una lucha cruenta entre ellos, comparable en términos humanos a una guerra civil.

La escisión se desarrolló lentamente con una fase inicial de división dentro del mismo territorio, acompañada de la disminución de los contactos entre los dos subgrupos, del aumento de las relaciones estrechas dentro de cada uno de ellos y también de un aislamiento reproductivo. Las primeras escaramuzas entre los dos bandos comenzaron en 2015 y entre 2018 y 2024 se producen de manera regular luchas mortales. Los chimpancés son animales territoriales y atacan a los que no identifican como suyos. La separación habría llevado con el paso del tiempo a considerar a los del otro grupo como extraños, ya que no existiría previamente afiliación ni cooperación entre los chimpancés luchadores. Se observó, sin embargo, que en los ataques intervenían primates que anteriormente habían interactuado con el otro bando.

Este enfrentamiento cruento se atribuye a varias razones. Los investigadores se inclinan por cambios aleatorios iniciales más o menos espontáneos, como el debilitamiento de los lazos interpersonales y rivalidades en la jerarquía dentro del grupo, que finalmente lo pueden quebrar y dividir al destruirse la dinámica de las relaciones internas y desaparecer los contactos estrechos y frecuentes. El bando más agresivo, también más reducido, posee mayor cohesión, que aumenta cuando sus ataques son exitosos.

Enseñanzas del conflicto simiesco

Las diferencias con la agresión en humanos son varias y destacadas, pero del conflicto simiesco se pueden deducir algunas enseñanzas. Las luchas colectivas entre humanos suelen basarse en marcadores culturales como la etnicidad, lengua o religión. Los chimpancés parecen no necesitar estos marcadores sociales para enfrentarse, pero compartimos varias fuentes de posibles conflictos, como escasez de recursos, jerarquía social y territorialidad. A nuestro favor está una mayor flexibilidad de la conducta y mejor adaptación al contexto, además de nuestros comportamientos prosociales y de ayuda a los demás. Los datos de los primatólogos nos hablan de la importancia del contacto estrecho, de la cooperación, de la existencia de relaciones intensas entre los grupos sociales y de disponer de ritos o encuentros frecuentes de reunión y conciliación.

En 2016, profesores de la universidad de Granada demostraron que la violencia letal dentro de la misma especie era similar en los primates y en el ser humano prehistórico y de la antigüedad. Con el paso de los siglos, y el monopolio de la violencia por los Estados, la mortalidad por homicidio se redujo notablemente a partir de la Edad Moderna y se encuentra actualmente en niveles comparativamente bajos, incluyendo la causada por conflictos y guerras. Esto indica que es crucial la influencia de factores socioeconómicos y culturales en disminuir la agresión física.

No existió una era paradisíaca en el origen de la humanidad, pero podemos hacer mucho por avanzar hacia una sociedad cada vez más pacífica.

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