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Opinión | Las fuerzas del mal

@enriqueolcina.bsky.social

Sudoku

Que la condena ética papal haya ido más allá del deseo de paz en el mundo, digno de cualquier miss o de cualquier tibio líder europeo, se ve que ha escocido; pero no por papa, sino por papapamericano, como si volviéramos a la disputa de güelfos y gibelinos: a ver quién vale más, si la Iglesia o el emperador. Estábamos en que teníamos que defender la democracia, no la Edad Media

El empresario Peter Thiel.

El empresario Peter Thiel. / REUTERS

Resulta cada vez más difícil, al menos para mí, manejarse en un mundo donde, por ejemplo, J. D. Vance va a hacer campaña a favor de Orbán, mientras Orbán tiene una posición muy ambigua con respecto a Irán: les ofreció su ayuda, y a Hezbolá, cuando fueron atacados con increíble precisión a través de los buscadores que llevaban los terroristas en el Líbano por parte del ejército israelí. Si a su vez comparamos esos ataques quirúrgicos con la alfombra de bombas con la que han tapizado Gaza y el sur de Líbano, creo que la intencionalidad del genocidio —o como usted quiera llamar al crimen de guerra que se está perpetrando, no vamos a discutir— queda clara y añade más confusión.

Volviendo a Orbán, la visita de J. D. Vance a Hungría catapultó en las encuestas a su oponente. Es ese mismo J. D. Vance —que hace un año tiró de las orejas a los líderes europeos porque no eran demócratas y no permitían la libertad de expresión mientras consentían en ser invadidos por inmigrantes— el que es vicepresidente de un país donde fuerzas del desorden financiadas con los impuestos tirotean a sus ciudadanos por protestar pacíficamente. Es el mismo que, además, se ha convertido al catolicismo y le discute de teología a León XVI, como niño perdido y encontrado en el templo, porque el papa ha dicho que mezclar a Dios y guerras está mal.

Papa que ha sido veladamente amenazado, a través de su nuncio, por un alto funcionario estadounidense con montarle un pollo a la Aviñón como se ponga pacifista y olvide que es estadounidense de origen. Tal es así que, muy propiamente, el Vaticano ha suspendido la visita del Sumo Pontífice a su tierra natal sine die. Que la condena ética papal haya ido más allá del deseo de paz en el mundo, digno de cualquier miss o de cualquier tibio líder europeo, se ve que ha escocido; pero no por papa, sino por papapamericano, como si volviéramos a la disputa de güelfos y gibelinos: a ver quién vale más, si la Iglesia o el emperador. Estábamos en que teníamos que defender la democracia, no la Edad Media.

Este mismo J. D. Vance está a una parada cardíaca de habitar el Despacho Oval; es, además de vicepresidente de EE UU, puesto, según todas las noticias, en el ticket presidencial que ganó por obra y gracia de Peter Thiel, dueño de Palantir, empresa estadounidense que se está dedicando a recolectar, cruzar e interpretar con IA datos de todos los ciudadanos.

Thiel, un Bradomín casi católico, casi feo y más rencoroso que sentimental, dado que se permitió el lujo de hundir a la revista que lo sacó del armario, se fue a dar conferencias a Roma sobre la venida del Anticristo, mientras su inmediato subordinado ha sacado un manifiesto para una tecnocracia nada democrática que pone los pelos de punta. No sé si decirle que se mire al espejo, no vaya a ser que no le devuelva la imagen. Y, para poner la guinda en el pastel, estos son los mimbres –Orbán, J. D. Vance, Thiel, con Trump al fondo– con los que un partido de aquí defiende las esencias patrias. Vaya sudoku más guapo.

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