Opinión | La Feliz Gobernación
Rectorado de la UMU: Alicia y Samuel frente al espejo
Si aceptamos que una parte subrepticia del debate discurría sobre ‘continuidad o cambio’, el lujanismo habría ganado por el 56,54%, una clave que podría favorecer a Rubio, que también cuenta con buenas expectativas entre los estudiantes. El fuerte de Baixauli se concentra en las grandes facultades entre el personal docente. Todo, a falta de constatar el destino del 50% que acumularon los tres candidatos excluidos

Alicia Rubio y Samuel Baixauli tras conocerse los resultados de la noche electoral / Israel Sánchez
La Universidad de Murcia está que arde. El proceso para las elecciones al rectorado ha transcurrido plagado de incidencias durante la primera vuelta y continúa si es que no arrecia para la segunda, que concluirá el martes. Algunas de las que han trascendido provocan alarma incluso fuera de la Universidad. A lo largo de estos días he recibido constantes reclamos: ¿qué está pasando ahí? Pues pasa que los agentes universitarios no son necesariamente castos y puros y reproducen constantes que parecían propias del espectro político. En esta ocasión, las turbulencias se han extendido a causa del uso de las redes sociales, que en el ámbito de la Universidad son de manejo estructural, con especial efectividad la de los grupos de WhatsApp, que permiten la difusión de denuncias y bulos sin que trasciendan del círculo de los interesados. Sin embargo, la Junta Electoral ha rechazado todas las remisiones por falta de pruebas, aunque la candidata Alicia Rubio ha recurrido a los tribunales en uno de los casos.
El abrazo que escenificaron los dos aspirantes destinados a competir en la segunda vuelta tras que se dieran a conocer los resultados de la primera fue una prueba de cortesía, pero se trata de un gesto engañoso, pues los ánimos permanecen exaltados. Y el debate no se refiere ya a las propuestas sino a la atribución mutua de las incidencias.
Continuidad o cambio
De que el rectorado es muy apetecido da muestra que por él han competido cinco candidatos: tres mujeres y dos hombres; las primeras, vinculadas a la etapa de gobierno del rector saliente, José Luján; los dos varones, desde la alternativa, más belicosa probablemente la de Francisco Guillermo Díaz, quien quedó en quinto lugar con el 13, 49% de los votos mientras Samuel Baixauli alcanzaba el 23,97%, emplazado este a la segunda vuelta en competición con Alicia Rubio, vicerrectora de Estudiantes, quien lo rebasó con el 26,78%.
El conjunto de los votos (María Senena Corbalán, 21,65%; Alfonsa García, 14,11%, más Alicia Rubio) ofrece un 62,54% en favor del lujanismo. Esto significaría, si aceptamos que una parte subrepticia del debate discurría sobre ‘continuidad o cambio’, que ha ganado la primera, una clave que podría favorecer a Rubio. Esta, además, pulsa como valor añadido su condición de mujer: en caso de ganar sería la primera rectora en 111 años de historia. En el cuartel de enfrente, el de Baixauli, le reprochan que pretenda sugerir implícitamente que, en caso de no ser ella la elegida, la Universidad se mostraría machista, algo que, dicen, las cuentas han demostrado que no es, pues entre las tres mujeres, como ya se ha reseñado, sumaron el 62,54% de los votos.
Estudiantes y docentes
Otras claves las constituyen el liderazgo que parece ostentar Rubio en el sector de los estudiantes gracias a su trabajo desde el vicerrectorado, que le es reconocido, extendido a la coordinación de ese segmento en el conjunto de las universidades públicas españolas. En cuanto a Baixauli, su fuerza parece concentrarse en el sector docente de las facultades más potentes, aunque una de las satisfacciones de Rubio fue ganarle en Ecónomicas, a la que los dos pertenecen y de la que él ha sido decano. Pero sería muy temerario apuntar extrapolaciones, pues la solución vendrá desde el casi 50% (49,25, con exactitud) que no votó a ninguno de los dos, lo que significa que la segunda vuelta empieza desde un punto cero.
El 50% de la reserva
¿Cómo se decantará el bloque de quienes votaron a los otros tres candidatos? Hay especulaciones para todos los gustos. Una parte podría registrarse como abstención a causa de la decepción de quienes apostaron de manera muy ferviente por cada uno de quienes no han llegado a la siguiente urna, a los que llaman ‘los huérfanos’. Quienes votaran a Senena Corbalán o a Alfonsa García exclusivamente por aspirar a una rectora tendrían en Alicia Rubio la oportunidad de repetir el intento. Y quienes ahora perciban con más claridad la disyuntiva ‘continuidad o cambio’ podrán expresarse por una u otro, pues Rubio viene del lujanismo y Baixauli plantea un giro.
Una y otro presentan perfiles muy distintos. Rubio es más popular porque ha ejercido un gran protagonismo dentro y fuera de la Universidad, en la que se valora su activismo. «Si las elecciones implicaran a los sectores externos con los que ella ha conectado (empresas, movimientos sociales, asociaciones diversas, banca, otras instituciones universitarias...) se llevaba las elecciones de calle», dicen en su entorno, desde donde la describen como cercana, abierta, conciliadora, polifacética y hasta ‘muy simpática’. Sus partidarios añaden que representa la apertura frente a la visión cerrada de la casta universitaria. Todas esas características se resumen en dos desde el baixaulismo: «Emocional y populista».
En cuanto a Baixauli, desde su trinchera se apuntan sus cualidades de profesor riguroso, con prestigio y voluntad de cambio en los estamentos, un tipo con criterios modernos y remiso al postureo, que ha encauzado las críticas a sus competidores con contención y elegancia. Su reproche más frecuente ha sido: «¿Qué prometen si cuando han estado en el gobierno universitario no lo han hecho?». Desde el grupo de Rubio no critican su profesionalidad, pero sí determinadas actuaciones de varios miembros de su equipo durante la campaña. Los de Baixauli entienden que Rubio, a este respecto, se refugia en el victimismo.
El techo y el suelo
Hay quienes, desde fuera de la contienda directa, establecen cálculos para el próximo martes derivados del chequeo de la primera ronda, y establecen que Alicia Rubio podría haber alcanzado su techo en los alrededores del porcentaje obtenido mientras Samuel Baixauli, que estaría ahora en su suelo, podría crecer por la transferencia de votos de las candidaturas en dique seco. Es mucho suponer, pero lo cierto es que las tres opciones que ya no concurren no disimularon el malestar por lo que algunos entendieron como excesiva agresividad por parte de Rubio en los debates celebrados. Otros aseguran que esta ha hecho promesas, sobre todo a los estudiantes, imposibles de llevar a cabo, algo que ella niega con especial vehemencia: «Todo lo que he propuesto es necesario y realizable», dice, «y está expuesto en mi programa», del que sus partidarios aseguran que es el más completo de todos: «El de Baixauli han tenido que rellenarlo con separatas», aseguran.
La influencia de los perdedores
¿Habrá, pues, como en ciertos sectores se asegura, un voto de castigo a Alicia a causa de ciertas antipatías que podría haber generado en las candidaturas desestimadas, lo cual favorecería a Baixauli? La rectorable no deja de citar en positivo a sus colegas Senena y Alfonsa como recurso amigable, por otro lado probablemente sincero, ya que todas han sido compañeras de gobierno. En el campamento de Samuel se admite que esa sensación podría existir, derivada del tono que Alicia ha empleado en los debates, pero que tal explicación se podría inscribir en un victimismo preventivo ante la posibilidad de que él pudiera ganar por méritos propios. Por otro lado, ninguno de los candidatos excluidos de la segunda vuelta se ha manifestado públicamente acerca de sus preferencias, aunque es posible suponer que el sector que fuera favorable a Francisco Guillermo Díaz sea más afín a Baixauli, pues ambos se presentaron como alternativos al lujanismo.
El infierno de WhatsApp
Sea cual sea el resultado, el proceso está produciendo un mal ambiente interno, una sensación de vergüenza ajena por algunos de los acontecimientos que han trascendido, tengan éstos alguna veracidad o constituyan bulos, y fuera del contexto universitario ha cundido la mala imagen. En los respectivos cuarteles generales se percibe el efecto de estos impactos. Los partidarios de Alicia aseguran que «es una mujer fuerte y experimentada, pero no podía adivinar que se diera tanto despropósito», y los de Samuel aseguran que este «creía que estas elecciones serían enconadas, pero en lo que respecta a la confrontación de los programas, no en cuanto a otras cosas».
La menos pública de las redes sociales, la de WhatsApp, está haciendo de las suyas en esta contienda: alguien sube un bulo o una denuncia más o menos atinada a cualquier otra red, más abierta, captura el mensaje, lo borra de esa red y lo distribuye a través de mensajes internos de WhatsApp; el texto llega también a los adversarios, pero estos no tienen capacidad para rebatirlo, pues desconocen a la totalidad de los destinatarios y se resignan a no replicarlos en público, pues de hacerlo contribuirían a divulgar un mensaje negativo que, a pesar del desmentido, muchos podrían tomar como veraz. Otro recurso es el de recortar frases de los vídeos. Por ejemplo, tomado de oído: «Los interinos no podrán aprobar, salvo que demos una solución al problema», y se corta la frase después de la coma. Modernos círculos del infierno.
Se deduce que los protagonistas principales están enfadados, y hasta se pueden sentir acorralados. Pero en ambos casos desdramatizan: «Hay vida después de las elecciones, se ganen o se pierdan». En cualquier caso, habrá que suponer que en el estamento universitario, más si cabe que en cualquier otro sector de la sociedad, se contemplan la buena información y el sentido crítico, a pesar de que admitamos que, como en otros ámbitos, no sea necesario exhibir credenciales de castidad y pureza. La incógnita sobre el resultado está más en el aire que nunca, lo que significa a priori que se trata de dos candidatos con capacidad para el liderazgo. Pero lo cierto es que la universidad está que arde y cabe esperar que los fuegos se apaguen el Supermartes.
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