Opinión | ALLEGRO AGITATO
La sonata a Kreutzer
Cuando Kreutzer recibió el manuscrito en París dijo que era "ultrajosamente ininteligible" y nunca interpretó la obra en público

Imagen Joseph Karl Stieler Beethoven con el Manucrito de la Missa solemnis / Beethoven Haus. BonnFirma
A comienzos de 1803 llegó a Viena el joven violinista George Bridgetower. Causó bastante revuelo no solo por su habilidad como intérprete, que la tenía, sino porque era hijo de un padre de color (que afirmaba que era hijo de un príncipe africano) y de una mujer europea. En la Viena de la época había poco de la fusión de razas y culturas que encontramos actualmente en Europa. Era inglés, aunque nacido en Polonia, y su gran talento para la música motivó que el futuro rey Jorge IV apoyara su educación musical. Ludwig van Beethoven quedó impresionado por su destreza y aceptó componerle una nueva sonata para violín, que estrenarían juntos en uno de los conciertos que se realizaban en el pabellón Augarten. Estos conciertos estaban organizados por el también violinista Ignaz Schuppanzigh, intérprete de la mayor parte de los cuartetos del genio de Bonn, y tenían la particularidad de hacerse a primera hora de la mañana. Beethoven compuso los dos primeros movimientos en primavera y, para completar la sonata, de forma deliberada o por falta de tiempo, incluyó el final de una obra anterior, la número 6, a la que añadiría una nueva conclusión. El estreno se celebró a las ocho de la mañana (en horario de máxima audiencia, como los Conciertos de La 2), con el propio compositor al piano. A las 4:30 de la madrugada habían despertado a Ferdinand Ries, alumno de Beethoven, para que hiciera una copia de la parte de violín de los dos primeros movimientos, pero solo le dio tiempo a copiar uno de ellos. Bridgetower tuvo que tocar a primera vista, sin ensayo individual ni de conjunto previo, y mirando la partitura del piano por encima de los hombros de Beethoven durante gran parte de la interpretación.
El estreno fue un éxito rotundo que presenciaron personajes influyentes como el archiduque Rodolfo y los príncipes Lichnowsky y Lobkowitz. Beethoven acabó encantado con la interpretación de Bridgetower, que improvisó unas variaciones en el segundo movimiento imitando la parte del piano, a lo que Beethoven mostró su aprobación con gestos de asombro y diciendo "¡Noch einmal, mein lieber Bursch!" ("¡Una vez más, querido amigo!"). Al terminar el movimiento se levantó, fue a abrazar a Bridgetower, y después regresó al piano para concluir la pieza. Imaginen la escena con los formalismos de hoy en día.
A Beethoven le impresionó tanto que escribió una dedicatoria en lenguaje jocoso: "Sonata mulattica Composta per il Mulatto Brischdauer gran pazzo e compositore mulattico" (Sonata mulática compuesta para el mulato Brischdauer (sic), gran loco y compositor mulático). A pesar de la falta de corrección política, fue un gran halago para el violinista británico. La dedicatoria se descubrió en 1965 en una partitura autógrafa que se conserva actualmente en la Beethoven-Haus de Bonn.
Sin embargo, la amistad acabó en desencuentro. Al parecer, después del recital, mientras los dos tomaban una copa, Bridgetower hizo algunos comentarios insultantes sobre una mujer conocida por Beethoven. Este, furioso, obligó a Bridgetower a devolverle el manuscrito y eliminó la dedicatoria de la sonata, a pesar de los intentos de éste para que cambiara de opinión. Posteriormente se la dedicaría al violinista francés Rodolphe Kreutzer, uno de los más prestigiosos del mundo, que había asombrado en su visita a Viena en 1798.
La obra en cuestión, la Sonata en La mayor n.º 9, op. 47 se convirtió́ en la más interpretada de las que Beethoven compuso para esta formación, conocida como Sonata a Kreutzer. Tuvo que ser realmente sorprendente en su momento por el tratamiento concertante, de igual a igual, entre los dos instrumentos y por sus dimensiones, superiores a cualquier otra obra similar compuesta hasta la fecha, a pesar de que se articula en solo tres movimientos. Tras una introducción lenta que inicia solo el violín, comienza el primer presto, vibrante e inquieto, que tendría consecuencias por la influencia que tuvo en León Tolstoi. El segundo es un maravilloso y extenso tema con variaciones que precede al Finale, con un ritmo desbocado de tarantela que contribuyen al éxito de esta sonata por su carácter jubiloso.
Una semana después de este suceso, Bridgetower abandonó la ciudad para visitar a sus parientes en Polonia. No volvió a ver a Beethoven ni llegó a reconciliarse con él. Regresó a Inglaterra, donde continuó su carrera como compositor, profesor e intérprete. Sobrevivió casi 33 años a Beethoven, ya que murió en 1860.
Ya anciano, Bridgetower, que vivía al sur de Londres, recibió la visita uno de los biógrafos de Beethoven, que quería confirmar esta historia. Le habló de la primera interpretación de la sonata, de que Beethoven se la había dedicado y cómo un comentario estúpido sobre una dama había hecho que retirara la dedicatoria. "Debería ser la sonata Bridgetower", le dijo al joven investigador, y su nombre habría sido conocido en toda Europa para siempre.
Cuando Kreutzer recibió el manuscrito en París dijo que era "ultrajosamente ininteligible" y nunca interpretó la obra en público. Aun así, su nombre se convirtió en inmortal gracias a esta sonata.
Así que la próxima vez que escuche la Sonata a Kreutzer, piense en el hombre que la interpretó por primera vez y que, por un comentario desafortunado, cayó en el olvido más absoluto.
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