Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Miradas furtivas

Juan Ballester

Juan Ballester

Fotógrafo

Los ‘escobazos’ de la Cárcel Vieja

«Invisibles», una de las obras expuestas de Jaume Plensa

«Invisibles», una de las obras expuestas de Jaume Plensa / Juan Ballester

Después de leer en prensa una noticia sobre el enorme éxito de público que está teniendo la exposición Materia interior, del artista catalán Jaume Plensa (actualmente visible en el Módulo II de la Cárcel Vieja), y dado que lo único que conocíamos de este autor eran sus enormes y aplanadas cabezas femeninas colocadas en diversas ciudades del mundo, decidimos acercarnos a verla y, de paso, disfrutar también de la espectacular restauración de este histórico espacio.

Desconozco las manías de otros, pero, desde siempre, hemos tenido una: la determinación absoluta de no informarnos de nada antes de acudir a visitar cualquier exposición de artes plásticas, más allá del título de la muestra y de su autor; norma que volvimos a cumplir en esta ocasión. Mal empezaríamos si antes de mirar una obra, alguien nos tiene que hablar por ella, lo que sería señal de no tener vida propia, de ser, no un fin por sí mismo (como es cualquier obra de creación más allá de su función social), sino una excusa cualquiera para poder introducir eso que actualmente llaman ‘el relato’.

Una vez ‘ingresados’ en las dependencias, entras y sales de varios espacios expositivos en los que, junto a una iluminación escénico/inmersiva y diversos sonidos mecánicos y repetitivos (a modo de oración mariana), nos encontramos con una serie de construcciones (que no creaciones), cual más impostada y vacía de sustancia. Es verdad que, durante todo el recorrido, sentimos una especie de ‘miedo teatralizado’, algo que nos recordaba a aquel otro que sentíamos de niños cuando entrábamos por primera vez en el tren de la bruja, solo que ahora sin escobazos reales y acompañados por una conciencia crítica algo más que suficiente para poder distinguir lo que realmente es de lo que puerilmente pretende ser.

Ya a la salida es cuando nos interesamos por ilustrarnos en relación con lo ofrecido: «Una experiencia artística inmersiva que invita a la reflexión y al diálogo interior»… ¡Horror! Después de más de cincuenta años acercándonos todo lo que hemos podido al mundo artístico (incluidos unos estudios universitarios sobre Historia del Arte y varios años ejerciendo la crítica de arte), resulta que ahora, precisamente donde se nos invita a reflexionar y a dialogar es donde menos tenemos que pensar y expresar, porque todo (o nada) está hecho y dicho. Y es que, para que exista ‘materia interior’ (claro, imaginamos que se refieren al alma y no a las vísceras), necesariamente tiene que haber una obra, pero no construida (es decir, ideada, pensada), sino creada (es decir, nacida, parida), que no es lo mismo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents