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Opinión | LA FELIZ GOBERNACIÓN

Okupas en el Grupo Mixto

José Ángel Antelo y Virginia Martínez

José Ángel Antelo y Virginia Martínez / ISRAEL SANCHEZ

La crisis en el Grupo Parlamentario de Vox, que ha desplazado al Mixto a dos de sus diputados, empezando por el que fuera su líder, José Ángel Antelo, ha provocado el comprensible disgusto en la coalición Podemos/Izquierda Unida/Alianza Verde, que con sus dos escaños reinaba en solitario en el cuarto grupo de la Asamblea. Algo así como si estuvieras obligado a recibir en casa a dos okupas con los que debieras compartir recursos y tareas y que además hablaran un idioma incomprensible para tu marco mental. Es la primera vez que María Marín, de Podemos, y diputados exVox han de dialogar, aunque solo sea por cuestiones de intendencia, pues en la pasada legislatura, cuando se registró otra ruptura entre los abascales, los disidentes eran tres frente a un oficialista, y se adueñaron del grupo.

Se entiende que Marín no sea receptiva, pero no, al menos por quien escribe, la interpretación que ha dado sobre el suceso. La diputada podemita ha venido a decir que la crisis de Vox ha sido inducida por el PP de López Miras a instancias de determinados grupos de presión a los que urge que se aprueben dos leyes, la de Vivienda y la reformada del Mar Menor. Y, en efecto, los constructores han instado al Gobierno a la aprobación de la ley de Vivienda, «sea con Vox o con Antelo». Pero, entonces ¿quién representa, según Podemos, los intereses del sector de la construcción y de la agricultura intensiva en los aledaños del Mar Menor? ¿No era Vox? Si fuera así, el PP no tendría que haber provocado una crisis interna en ese partido, pues le habría bastado con la aquiescencia de ese grupo. De las palabras de Marín se deduce la lógica de que Antelo y Virginia Martínez son los delegados de esos lobbys, mientras el resto de voxistas serían almas cándidas, resistentes a ellos.

Pero si en realidad el PP resultara ser el portavoz de esos intereses de parte, la negativa de Vox a secundar esas leyes también convertiría a la extrema derecha en aliada parlamentaria involuntaria de Podemos, con lo cual a los abascales les desaparecería el estigma de ser portavoces de instancias particulares.

No nos liemos. La crisis local de Vox obedece a circunstancias internas, como cabe explicar la que se produjo entre Podemos y Sumar, sin necesidad de recurrir a supuestas operaciones conspirativas de difícil coherencia argumentativa. Y respecto a los okupas del Mixto, como diría una colega, por nadie pase.

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