Opinión | La balanza inmóvil
Alias

EFE / Borja Sanchez-Trillo / L.O.
Los alias, motes o apodos, como ustedes prefieran, son el pan nuestro de cada día en nuestra sociedad. Unas veces, para poder identificar a una persona, como Paco de Lucía, por ser hijo de Lucía. Otras, porque se le conoce más por el alias que por su verdadero nombre, como a Sara Montiel (María Antonia Abad Fernández) por los campos de Montiel; El Puma (José Luis Rodríguez), Rita Hayworth (Margarita Carmen Cansino), Marilyn Monroe (Norma Jeane Mortemon)...
En ocasiones son hirientes, como Marrano Mono, Fritanga, Buche de agua…casi todos ellos narcos. Otras veces, los alias son cariñosos, como los usados entre personas unidas por vínculos de sangre o de afinidad, como ‘Gordito’, ‘Osito’, ‘Bombón’, ‘Príncipe’, ‘Ojazos’ o ‘Guapo’. Incluso a las ciudades se les conoce por alias, como la Ciudad Eterna para Roma, la Ciudad del Amor para París, La Villa y Corte para Madrid, La Tacita de Plata para Cádiz, Islas Afortunadas o Canarias...
Otras veces, en las esquelas o en los coches de algunos pueblos, se va citando al difunto por su apodo para que todo el mundo sepa quién es. Es más, incluso a veces es el propio interesado el que usa un alias para despistar. Recuerdo que estando de juez en un pueblo andaluz, me llegó un detenido con el nombre de ‘El Lolo’, y cuando fui a tomarle declaración resultó llamarse Sebastián. A mi pregunta de por qué era conocido por El Lolo, como si fuera Manuel, me contestó «para despistar a la Guardia Civil», porque eran muchos hermanos y casi todos dedicados al amor a las pertenencias ajenas.
En fin, por último, otras veces, las menos por fortuna, simplemente el alias es por incultura pura y dura. Así, estamos viendo cómo en un juicio se referían los interlocutores al expresidente Mariano Rajoy como ‘El Barbas’, lo cual no está mal, porque se corresponde con su realidad física, pero también lo llamaban ‘El asturiano’, cuando todo el mundo sabe, o debería saber, que es gallego, nacido en Santiago de Compostela. No tiene más explicación que la ignorancia, pues no es lo mismo Santander que Bilbao o Murcia que Alicante. A lo mejor la culpa la tiene la ESO, que establece la asignatura de Geografía como optativa para la PAU, como la de Historia, cuando son dos asignaturas imprescindibles, como la Lengua, para un mínimo de cultura general, seas de Letras o de Ciencias.
Y, para colmo de alias, son las recientes denominaciones que se dieron a los billetes de euros por los que están siendo y serán juzgados por sus pasadas fechorías cuando estaban en la pomada gubernativa, por presuntamente vender favores a cambio de dinero, o comprar satisfacciones sexuales, con el dinero de todos los españoles. Las formas de llamar a esos billetes, o alias, eran chistorras para los de 500 euros, soles para los de 200, y lechugas para los de 100. Al dinero en efectivo —según la UCO ha descubierto en las conversaciones de la organización criminal— lo llamaban ‘folios’ o ‘caja de folios’. Si a todo eso se le une que a la mujer de uno de ellos se le conocía en el Corte Inglés por ‘La Paqui’ porque se gastaba a espuertas el dinero de su marido —dinero que está siendo investigado si era o no de procedencia lícita—, tenemos que a las personas también se les conoce por el alias de su actividad compradora compulsiva, más que por su nombre de verdad, que en este caso sería doña Francisca, para que no piense que se le falta al respeto como en el Senado, donde se negó a contestar a las preguntas de los senadores (por algo será). Exigió una educación a los demás por llamarle la Paqui cuando ella, además de no contestar, se dedicó a trastear su móvil mientras los interlocutores le hacían preguntas. Dice la Biblia que se ve la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio.
Entre los alias para las ciudades, los billetes y las personas, vamos a tener que crear un nuevo diccionario para entendernos. Y también, para los juicios, porque estos personajes nunca se acuerdan de nada, niegan sus voces, sus firmas o que el negro sea un color oscuro. Cuando hablaban de chistorras era una longaniza, las lechugas eran eso verde que también se come, y de postre un buen café de Colombia traído por encargo directamente de allí, porque aquí en España no es igual.
Como la cultura nunca está de más, aunque parezca lo contrario cuando se ven algunos concursantes de reality show, me apuntaré al curso que oportunamente se convoque para este nuevo lenguaje en los delitos de corrupción.
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