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Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

Amor de hombre

HBO ha vuelto a remover el streaming con una extraordinaria serie, como Los Soprano o Breaking Bad en su momento. Desgraciadamente parece una serie condenada a una sola temporada, por razones que no conviene adelantar. En realidad, toda la serie juega a un despiste monumental por parte del espectador, que no se acaba de reponer de un giro de guion cuando se queda congelado en el sillón por un nuevo aspecto inesperado y sorprendente de la historia.

Y hasta aquí lo que puedo contar de la trama de DTF Sant Louis, el título de esta serie. El acrónimo del título ha sido adaptado al español de forma imaginativa, aunque tenga poco de literal. Tampoco quiero desvelar su significado para no arriesgarme a que te pierdas uno de los momentos más hilarantes de la serie.

Pero no me resisto a apelar a lo que considero la trama profunda de la historia, la intrahistoria que está oculta al hilo de la historia: el amor entre hombres. Y no me refiero al amor homosexual, que respeto profundamente como casi todo el mundo en este país, sino a una atracción de un hombre por otro en el que el sexo no tiene un papel relevante. Aunque está claro que casi siempre el amor es una sublimación del sexo, en este caso es otra cosa.

La relación de los dos hombres que protagonizan la historia (un presentador del tiempo en un canal local y el intérprete de lenguaje de signos que le complementa en sus emisiones) adquiere en el transcurso de la historia una intensidad emocional digna de una tragedia clásica, aunque el tono de serie es el de una comedia negra. Viéndola, no pude evitar retrotraerme a una época de mi vida (la del tránsito de la adolescencia hasta la juventud) en la que estuve en un entorno exclusivamente masculino, por circunstancias que no vienen al caso. En esa época desarrollé una afección muy intensa por algunos amigos, a los que quería y sigo queriendo con toda el alma hasta ahora. La vida nos llevó por diferentes caminos, pero ninguno tan alejado los unos de los otros para destruir esos sentimientos profundos y aparentemente imperecederos.

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