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Opinión | LA FELIZ GOBERNACIÓN

La ‘guerra santa’ del diputado Martínez

La vocación de cruzado de Martínez Nieto avisa sobre un peligro real para la democracia

Antonio Martínez Nieto, ante los medios de comunicación, el pasado jueves

Antonio Martínez Nieto, ante los medios de comunicación, el pasado jueves / Iván Urquízar

El diputado de Vox en la Asamblea Regional de Murcia Antonio Martínez Nieto ha instado desde la tribuna a «combatir incluso con violencia la aberración moral del aborto y la eutanasia». A Vox sole le faltaba eso: establecer causas para las que la violencia es justificable. Ni siquiera la Iglesia, cuya posición sobre tales asuntos es bien conocida, apela a acciones tan extremas. Si un partido que obtuvo el respaldo de casi el 18% de los votos (9 diputados), emite un mensaje tan claro de legitimación de la violencia habrá que convenir en su peligrosidad social, incluso suponiendo que una gran franja de los ciudadanos que integran su electorado, aun estado en contra del aborto y de la eutanasia, no aceptarían tamaña consigna.

En un Estado de Derecho, el uso de la violencia, y de manera proporcionada según qué situaciones, solo corresponde a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Es de primero de la carrera de diputado. Incitar a los ciudadanos a que se tomen la justicia por su mano, y más en cuestiones de moral privada, es un delito, reforzado en este caso por la autoridad política que se le concede a un representante del pueblo. La consigna falangista de «los puños y las pistolas» está penada en una democracia. Pero aun si la inmunidad parlamentaria consiguiera esquivar esa lógica, la andanada del diputado Martínez merecería un reproche severo, inhabilitante. Nadie le censura que se manifieste a favor o en contra de esto o aquello, sino que anime a la violencia para la defensa de sus particulares puntos de vista.

Tal vez Martínez no haya reparado en que si otras fuerzas políticas animaran a combatir los postulados de Vox de la misma manera con que él insta a defenderlos, el hemiciclo, en vez de disponer de una tribuna para la palabra debería rediseñarse como un ring de boxeo. Una solución contradictoria, además, con su calidad de licenciado en Derecho, cuyo ejercicio debe atenerse al espíritu de las leyes. Es probable que por su profesión alcance a distinguir entre ideologías, que son libres, y fanatismo, que es la manera perturbada de exhibir una ideología.

Esta vocación de cruzado del diputado Martínez, ni siquiera exhibida en un repente sino con plena conciencia, avisa sobre un peligro real para la democracia.

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