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Opinión | Pasado a limpio

‘Aristoi’

Utilizar el rectorado universitario para dar el salto a la política no es inusual. Ballesta fue rector, luego consejero del gobierno regional y ahora es alcalde de Murcia

Fachada del campus de la Universidad de Murcia (UMU).

Fachada del campus de la Universidad de Murcia (UMU). / CARM

En tiempos revueltos, conviene prestar atención al lenguaje, unas veces encubridor; otras, delator. Ejemplo de lenguaje encubridor: nos referimos a las noticias falsas de los medios, los bulos de las redes sociales y las afirmaciones de algunos líderes mundiales con la denominación común en lengua inglesa de fake news, aunque el significado es sobradamente conocido en nuestra lengua vernácula: mentiras.

Y ahora, el lenguaje delator: aristocracia quiere decir el gobierno de los mejores, pero tomando raíces griegas, para distraer la atención. Quizá originariamente fueran los mejores en el manejo de las armas o en otras virtudes patriarcales y, tal vez por esa razón, pasado el tiempo, la casta de sus herederos fue denominada nobleza, no por su espíritu filantrópico, caritativo o humanitario, sino tal vez por sus maneras refinadas, un tanto amaneradas, debido sin duda a su inanidad en las tareas productivas y otras ciencias del trabajo.

Mi concepto de lo valioso y plausible se compadece mal con lo belicista y repugna el ocio amanerado. Y pues admiré a mis maestros por su conocimiento y dedicación hacia quienes no tuvieron una cuna regalada, será que mi pedestal de los aristoi está ocupado por el talento y la generosidad de espíritu que favorece su extensión y mejora la vida de todos.

En nuestra sociedad, el talento suele pasar por una formación universitaria. No es condición sine qua non, pero en general, muchas personas talentosas han pasado por la universidad con paso productivo. El espíritu universitario ha moldeado sus aptitudes y sus actitudes. Conocimiento y método son consustanciales al contexto universitario. Tal vez por cierta actitud reverencial, pensé que el templo de la sabiduría estaba reservado a los mejores, pero no es exactamente así.

En la universidad no necesariamente están los más sabios ni los más inteligentes. Como dice el viejo adagio «quod natura non dat, Salmantica non praestat». Pero sí es cierto que una proporción notable de talentosos y memoriosos suele acabar en Salamanca, permítaseme la metonimia. Dicho de otro modo, ser profesor universitario no otorga la cualidad de inteligente, pero muchos de ellos lo son; no se suele alcanzar tal rango sin tener unas mínimas condiciones. Pero también he conocido algunos que, siendo eméritos en su disciplina, no pasarían un mínimo examen de buenas personas. Algunos de ellos, al tiempo que la toga, muceta y birrete, fueron investidos de soberbia, egocentrismo y megalomanía. Afortunadamente no son mayoría.

Ayer fueron las elecciones a Rector en la Universidad de Murcia y en este mismo diario podemos leer la noticia de los candidatos que pasan a la segunda vuelta. Pronto podremos entonar el «gaudeamus igitur», alegrémonos pues por el nuevo Rector, pero también por el saliente, que hace meses anunció su fichaje por la patronal murciana como secretario general de la Croem. Fue muy criticado el anuncio, pues un rector universitario tiene el tratamiento de Excelentísimo señor y Rector Magnífico; el primero lo sitúa entre los mejores y el segundo lo califica de grande, magno como Alejandro. Siendo de tal clase, elegir representar sólo a una parte de la sociedad no parece acrecerse, sino menguarse.

Utilizar el rectorado universitario para dar el salto a la política no es inusual. Ballesta fue rector, luego consejero del gobierno regional y ahora es alcalde de Murcia. No es santo de mi devoción, pero representa a todos.

Uno de los principios básicos del Derecho del Trabajo, disciplina de la que el rector saliente es catedrático, es el principio pro operario, la interpretación de la norma más favorable al trabajador. Pero, soy profesor asociado y no puedo evitar pensar que José Luján se ha pasado al reverso tenebroso. Los hechos lo constatan, pues durante su mandato ha sido no martillo de herejes, pero sí de asociados y profesores temporales.

Cuando la gran crisis del 2008 golpeó las instituciones públicas, la universidad echó mano de la figura del asociado como «mano de obra barata», en palabras de mi apreciado José Antonio Cobacho. Unos pocos profesores asociados cubrían las necesidades docentes de un titular o un catedrático y el coste laboral era menos de la mitad del sueldo de éstos. Cierto que era una solución transitoria, pero cuando las directivas comunitarias conminan a la regularización de los empleos públicos temporales y acabar con su precarización, algunas universidades contratan indefinidamente a sus asociados, pero la Universidad de Murcia los despide, sin ni siquiera tener el detalle de agradecer sus servicios.

Dar clase junto a quienes han sido mis profesores y algunos apreciados compañeros, aunque sólo sea de pequeñas lecciones de Derecho Civil para alumnos no iniciados en las ciencias jurídicas, es para mí un privilegio de madurez. Pasó mi tiempo sin ser ungido de vocación docente en edad propicia. Me quedo con las realizaciones personales, de enseñar nociones básicas de Civil y de prestar voz a ilusiones pequeñas, como esta charla contigo, amable lector sobre algunas cuitas de la Universidad en la que estudié, que fue mi alma mater y ahora empleadora a tiempo parcial.

No seremos aristoi, pero tampoco nobles amanerados. Creo haber justificado mi impresión de que el rector Luján se ha dejado seducir por el reverso tenebroso. Confío en que quien resulte finalmente elegido haga honor a su título de magnífico y al menos tenga un detalle con quienes prestamos nuestro pequeño grano de arena, temporal y precario, pero sincero y entusiasmado.

Gaudeamos igitur.

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