Opinión | LA FELIZ GOBERNACIÓN
Vox, empanado
La formación de Abascal exhibe una creciente contradicción entre su rechazo al modelo territorial y su actuación allí donde gobierna o condiciona mayorías

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en una intervención / EUROPA PRESS
Una de las señas de identidad de Vox es, o era, su rechazo al modelo autonómico. «Vox no cree en las autonomías», dicen, o decían, sus dirigentes. A la vez, se declaran, o declaraban, constitucionalistas, sin reparar en la contradicción, pues en la Constitución se establece el Estado de las Autonomías. Tanto no creen, o no creían, en las autonomías, que a sus órganos supralocales, como en el caso de la Región de Murcia, los denominan provinciales. En ese sentido, son coherentes, pues la organización funciona como el Movimiento Nacional en los tiempos de Franco, de manera centralizada, de tal forma que los dirigentes territoriales son a modo de gobernadores civiles sometidos a la autoridad de un llamado ministro de la Gobernación, que en este caso es Abascal. Y el que no, lo echan.
La ironía de las urnas ha facilitado que los éxitos anotados por Vox se hayan producido hasta ahora en media docena de autonomías, donde en esta fase están obligados a pactar o a condicionar a las mayorías del PP. Pero ¡sorpresa! en vez de exigir la devolución de competencias al Estado, que sería lo lógico en quienes rechazan el modelo autonómico, lo que hacen, como acabamos de ver en Extremadura, es tratar de gestionar la inmigración, asunto no transferido a ninguna Comunidad.
Naturalmente, el Gobierno de Sánchez ha advertido que estará atento a la comisión de ilegalidades en ese capítulo, aunque su actitud conllevará una contradicción si finalmente remite la gestión inmigratoria a Cataluña, tal como le demanda Junts. Podríamos asistir a un contradiós. El Gobierno catalán gestionaría legalmente competencias que Vox no podría atribuirse en el Gobierno de Extremadura, desde una consejería que han titulado de Desregulación, capacidad de la que no dispone.
En cualquier caso, lo que vemos es que Vox, mientras asegura no creer en las autonomías, una vez en el Gobierno de ellas pretende asumir las mismas competencias de Cataluña, las que dice que derogará cuando acceda al Gobierno central. Menuda empanada.
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