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Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

Lógica del terrorismo y respuesta de Israel

¿Quién dijo que el terrorismo no era un método efectivo para conseguir un objetivo político? En realidad, la historia demuestra una y otra vez la alta rentabilidad de las acciones terroristas cuando se comparan con una guerra tradicional. Ahí tenemos el ecosistema del PNV más ETA, que ha conseguido unos niveles de autonomía sin comparación en el marco de un Estado federal. Con los consiguientes beneficios económicos para sus habitantes, que gozan de un plus de renta con relación a los otros españoles. No me invento nada. Arzalluz lo dijo gráficamente: ellos (los terroristas) mueven el árbol y nosotros (los vascos y el PNV) recogemos las nueces. Y eso con apenas 56 muertos de ETA en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad españolas. Una inversión rentable. Y en unos pocos años, vemos a los asesinos disfrutando de libertad gracias a la solidaridad de sus socios y a la connivencia del PSOE.

Esa fue la lógica de los terroristas israelíes frente a los británicos y, más recientemente, la de Irán manejando los hilos de sus organizaciones terroristas afiliadas. El objetivo de Irán siempre fue aprovechar el poder de la estrategia terrorista para domeñar a su archienemigo Israel y, de paso, aterrorizar a los Estados vecinos. Eso mientras avanzaba paso a paso para dotarse de una capacidad nuclear que los blindara definitivamente frente a cualquier ataque externo.

Con la lógica de un Estado democrático, como España en la transición o los Estados Unidos de Barack Obama, el destino de la estrategia de Irán estaba abocada al éxito. Su error garrafal fue no controlar a Hamas, un aliado que decidió ir por libre asesinando a más de mil judíos por su cuenta. Eso proporcionó la justificación y la motivación para que Israel se olvidara de sus escrúpulos y decidiera utilizar tácticas de guerra total contra Gaza y el sur del Líbano, donde habitan poblaciones palestinas infiltradas por milicias proiraníes.

Lo que estamos contemplando no se había visto desde los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial o desde Hiroshima y Nagasaki. Alguien -yo mismo- puede denunciar estas tácticas de guerra total como ilegales, inhumanas e inmorales. Pero nadie podrá decir que no son eficaces.

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