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Opinión | Desde mi picoesquina

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La inmigración nos enriquece a murcianos y murcianas

No hay que dejarse encandilar ni engañar por quienes, intentando enfrentar a pobres con otros pobres autóctonos, sólo persiguen arañar unos miles de votos que necesitan para seguir pisando moqueta y ocupar mullidos sillones

Jornaleros trabajando en un terreno del Campo de Cartagena.

Jornaleros trabajando en un terreno del Campo de Cartagena. / Iván Urquízar

En toda Europa, las derechas y los grupos de extrema derecha, seguidores a ultranza de las consignas trumpistas procedentes de allende el Atlántico, han encontrado un ‘filón’ que explotar: el odio al inmigrante como causa directa de lo que llaman despersonalización y pérdida de identidad del Occidente rico. Esas ideas, que incitan al pobre de aquí a enfrentarse al pobre inmigrante, como si las personas desesperadas que cruzan el Mediterráneo o el Atlántico, jugándose la vida en muchos casos, huyendo de la miseria, las guerras, la persecución política o, simplemente, buscando un futuro mejor fueran la causa de todos sus males, han calado en un importante sector de la población, como lo demuestra el apoyo electoral a los grupos ultras en todo el continente. En España, electoralmente, esa marea ultra fue frenada parcialmente en los comicios generales de 23 de julio de 2023. Pero el racismo, la xenofobia, la aporofobia… tienen un notable predicamento en la sociedad. Me voy a ceñir a nuestra Región de Murcia.

El pasado cierre del centro de menores de la pedanía murciana de Santa Cruz, auspiciado por el defenestrado exjugador de baloncesto —y otrora hombre fuerte del talibán que dirige el partido ‘Santiago y Cierra España’ (Vox)— es una muestra más de ese abominable e indeseado racismo con tintes xenófobos que trata de contaminar a la población murciana. Con falaces argumentos, como la supuesta inseguridad y delincuencia que aportan los inmigrantes, el defenestrado y sus colegas de ‘reparto’ nos intentan convencer de la perversión del hecho migratorio, cuando es todo lo contrario. No solo desde el punto de vista cultural y social, sino también desde el poblacional y económico, como ahora veremos, la inmigración nos enriquece.

A este respecto, hay que saber que, según datos de Expansión, la Región de Murcia, con más de 1.600.000 habitantes y con un PIB per cápita de 26.944 euros, frente a los 34.210 de la media española, se sitúa, con un paro del 11%, como la duodécima economía del país. Y citando aspectos demográficos, hay que decir que nuestra Región, como el resto de España, ha venido experimentando una caída en picado de la natalidad, a raíz de la crisis económica de 2008. Todas las regiones registran descensos, a excepción de Melilla, con 2,4 hijos/mujer, mientras que, en el lado opuesto, Ourense, Tenerife y Las Palmas no llegan a 1. Hay que aclarar que la tasa de reemplazo poblacional es de 2,1 hijos/mujer, pero en España apenas alcanzamos 1,15. En Murcia, ese índice de fecundidad, en 2024, era de 1,32, cuando, según el Portal Estadístico de la Región de Murcia, era de 3,21 en el año 1975.

En nuestra Región, la tasa de natalidad/1.000 habitantes es de 8,09 y la de mortalidad, 7,62, lo que influye en el débil crecimiento vegetativo. Por ello, la proyección hacia el futuro que hace este Portal Estadístico, que sitúa la población de Murcia, en 2036, en cerca de 1.800.000 habitantes, tiene en cuenta, sin duda, el componente que aporta la inmigración. En 2023, lejos de los exagerados, interesados y más que desafortunados alegatos de la extrema derecha, la inmigración extranjera en nuestra tierra supuso la llegada de 36.485 personas (de ellas, 15.998 mujeres). Esta ‘savia’ nueva está contribuyendo, sin duda, a nuestro equilibrio poblacional y su ausencia, sin embargo, propicia el despoblamiento. Cuatro casos, relativos a cuatro localidades distintas de la Región, resultan clarificadores en este sentido.

Según ese Portal Estadístico, la tasa natalidad en Moratalla es de 4,56 y la de mortalidad de ¡11,82!; en Ricote, esas tasas son de 3,69 y de ¡15,98!, respectivamente, tasas que explican el despoblamiento de estos municipios. En el lado opuesto, Torre Pacheco, con una tasa de natalidad de 9,65 y de mortalidad de 5,19, y Totana, con 8,64 y 6,97, respectivamente, son municipios en los que la inmigración, sin duda, está contribuyendo no sólo al crecimiento de la población sino también a frenar su envejecimiento.

Para concluir, expongo ahora unos datos publicados el pasado día 4 en varios artículos en La Opinión. Unos 16 extranjeros consiguen cada día los ‘papeles’ para trabajar en la Región de Murcia, a la espera de que se consolide la regularización extraordinaria, con la que se beneficiarán unas 30.000 personas (medio millón en España) que lleven un mínimo de cinco meses en nuestro país y sin antecedentes penales. Las estadísticas demográficas (algunas de las cuales he citado arriba) demuestran que solo el relevo generacional de los habitantes murcianos autóctonos no cubrirá las salidas previstas en los próximos años por las jubilaciones. Además, según Antón Costa, presidente del Consejo Económico y Social de España (CES), el actual proceso de regularización es la única manera de incorporar a la población en situación irregular que ahora no puede trabajar legalmente, que sufre mayores niveles de precariedad y cuya discriminación y rechazo suponen un «despilfarro» de energía y capacidades para el país.

La realidad deja en evidencia los cantos de sirena xenófobos y racistas que permean a ciertos sectores sociales: desde el punto de vista de la economía regional, parece claro que la inmigración extranjera es una tabla de salvación para el empleo murciano, pues estas personas ocupan los puestos de trabajo de sectores marcados por la temporalidad, la dureza de las jornadas laborales y la necesidad de mano de obra intensiva en la agricultura y los servicios. Y la realidad también es que nuestra Región va a necesitar al menos 14.600 migrantes en los próximos años para sostener el empleo.

Estos son datos y los datos son evidencias. No hay que dejarse encandilar ni engañar, pues, por quienes, intentando enfrentar a pobres con otros pobres autóctonos, sólo persiguen arañar unos miles de votos que necesitan para seguir pisando moqueta y ocupar mullidos sillones.

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