Opinión | La feliz gobernación
Bolaños, uno y trino

El ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños. / Matias Chiofalo / Europa Press
Félix Bolaños es triministro, nada excepcional, salvo por sus competencias: lo es de Presidencia (poder ejecutivo), de Justicia (poder judicial) y de Relaciones con las Cortes (poder legislativo). Lo que Montesquieu separó lo une Bolaños en su propia persona.
La naturaleza teórica de los tres poderes del Estado es el conflicto, pues han de equilibrarse entre sí, corregirse y acotarse en sus respectivas funciones. Por tanto, hemos de ser compasivos con Bolaños, pues a cada instante se ha de ver sometido a la pulsión de uno de esos poderes, que tiende inercialmente a modificar el de los otros.
Si el triministro se levanta un día con el ánimo legislativo tendrá que procurar que las leyes no faciliten abusos o impunidades al que ha de aplicarlas, el ejecutivo, así como que tampoco desborden la coherencia del marco judicial establecido por normas superiores. Si otro día amanece con espíritu ejecutivo tendrá que actuar de acuerdo al orden legislativo para evitar que el sistema judicial haya de intervenir para evitar que la ley sea conculcada. Y si los miércoles se echa a la calle con ardor judicial, su obligación será que los otros poderes que incuba no interfieran en la independencia de los jueces.
Cuando vemos a Bolaños bracear, siempre desde la instancia del ejecutivo, hemos de entender que sufre de una tripolaridad mal diagnosticada que le conduce a confundir el Estado con el sanchismo, e incluso con el begoñismo. Y entonces se lanza a intentar desprestigiar al estamento judicial, al que le correspondería defender y proteger de los antisistema y corruptos que lo conciben como un estorbo para sus pretensiones.
Si ocurre que la Moncloa se convierte en una oficina de negocios en que se trajina el tráfico de influencias con la cooperación subalterna de empleadas públicas contratadas para otros servicios y, en consecuencia, interviene la Justicia, el triministro debería desvestirse de otros atributos que no fuera el de respaldar la acción de los tribunales antes que intentar estigmatizarlos con juicios propios sobre supuestas intenciones sin siquiera entrar en el meollo del asunto, que es obvio para cualquier observador no alineado.
Bolaños concibe la Justicia al estilo del húngaro Orbán, es decir, al servicio del poder ejecutivo. Y es que, contra Montesquieu, se percibe a sí mismo uno y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.
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