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Opinión | La perdición

Todo tránsfuga es ilegítimo

Un grupo de personas ondean banderas republicanas durante un acto en Cartagena.

Un grupo de personas ondean banderas republicanas durante un acto en Cartagena. / Loyola Pérez de Villegas

Paco empezó a trabajar con catorce años en la construcción del pantano del Quípar y del Salto de Almadenes. Tras su inauguración en 1925, fue contratado como empleado y se instaló con su mujer e hijos en la Presa de la Mulata. El 12 de abril de 1931 obtuvo permiso para desplazarse al pueblo a votar en las elecciones municipales. Votó, como el resto de su familia, a la candidatura socialista encabezada por José Ríos Gil, impresor y director del periódico Libertad. No tardó en confirmarse que socialistas y republicanos liberales habían obtenido amplias mayorías en las principales ciudades españolas. Paco celebró la proclamación de la República participando en la manifestación pacífica y popular nocturna encabezada por don José Templado, que presidiría la nueva Corporación ciezana. Fueron días de júbilo para las clases trabajadora: un sueño de esperanza, de democracia, justicia y libertad. Todo se torció años después, sin embargo, con el auge del fascismo en Europa y la dictadura en España. El pasado martes 14 de Abril, cuando se cumplieron 95 años de aquella proclamación, volví a tener un recuerdo para el abuelo.

Desde el sistema electoral preconstituyente de 1977 llevamos escuchando a los tránsfugas en política española. La autoproclamación de su supuesta dignidad. Hay, siempre, una confusión intencionada a la que se acogen. Confusión que apiada a no pocos españoles, raza sintiente, a los que cualquier vendealfombras se gana por lo sentimental. Proclaman que se van con escaño y sueldo bajo el brazo, como una ‘baguette’ sobaquera, porque el partido en cuyas listas fueron ya no representa las esencias por las que los ciudadanos los eligieron. Lo hacen "por respeto a sus votantes". Veamos. Los tránsfugas no pueden apelar a ‘sus’ votantes, a los que dicen representar, para llevarse a otra parte escaño y sueldo: primero, ya no son representantes y, luego, nunca tuvieron votantes. En España no hay posibilidad de poner una crucecita a unos candidatos y no a otros. Ningún elector pudo elegirlos: eligió la lista cerrada y bloqueada de un partido. Una vez fuera, agota su legitimidad, aunque siga cobrando.

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