Opinión | Tribuna Libre
Lara Hernández Abellán
Coherencia
Hace apenas unos días me topé con un vídeo que reproducía una escena que, sinceramente, me rechinó e incluso me llegó a cabrear. Una mujer convertida en una presencia invisible: en unas manos que ‘asisten’ y ‘visten’ a un hombre adulto, perfectamente capaz de hacerlo por sí mismo. Y no, no hablo solo de estética. Hablo de lo que ese vídeo transmite y, desde luego, no era una imagen propia del siglo XXI, sino de mucho tiempo atrás. Reducir a una mujer a eso, mientras él ocupa todo el foco, no es avanzar ni mostrar ningún tipo de valentía, pero menos aún cuando se hace en nombre del Gobierno de todo un país.
Pensé que la cosa se quedaría ahí, pero no. Ayer volví a ver otro vídeo en la misma línea: más protagonismo personal y, además, vinculado a una tradición que durante años ha excluido a las mujeres de unas fiestas públicas. Sí, ahora habrá quien dirá que hay avances y que algunas mujeres ya participan, aunque sea en una sola carroza y casi como concesión. Pero a mí -y me consta que a muchas otras personas también- eso no me parece suficiente, ni mucho menos. No se trata solo de estar, sino de cómo y en qué condiciones. Y es ahí donde a mí me sigue chirriando todo.
Un delegado del Gobierno no se representa a sí mismo, representa al Gobierno de España. Y un secretario general de un partido progresista y feminista debería ser especialmente cuidadoso con estas cosas. No vale defender la igualdad en el discurso y mirar hacia otro lado cuando, en la práctica, se siguen perpetuando roles y desigualdades de otra época. Es lo que pienso y lo digo claro: a mí esto no me parece coherente.
Sé que habrá quien piense que hablo desde lo personal, por lo vivido, pero no. Esto es otra cosa. Es seguir diciendo lo mismo que siempre he dicho y en lo que siempre he creído. Soy la misma de siempre y, cuando algo se me coge en las tripas, lo suelto. Y no lo hago solo por mí, sino porque sé que hay mucha gente que piensa igual, que lo ve y que lo comenta en privado, pero que no puede decirlo en voz alta por respeto, miedo o por la dichosa disciplina de partido. Pero la realidad es que, mientras tanto, seguimos cayendo y con poca pinta de remontar. Criticamos a otros -y con razón- por determinadas imágenes de ostentación en nuestras tradiciones, como cuando vemos a Fernando López Miras en según qué escenas, pero luego los que deberíamos ser su oposición y representar lo contrario hacemos cosas que, en el fondo, no están tan lejos de eso. Y ahí es donde estoy convencida de que nos equivocamos.
Hay que apoyar nuestras tradiciones, por supuesto que sí, pero no a cualquier precio y nunca olvidando lo que representamos. No normalizando lo que va en contra de lo que defendemos. No cuando se invisibiliza a las mujeres. No cuando se refuerzan estereotipos que creíamos superados. Y no cuando el protagonismo personal pesa más que la responsabilidad pública.
Al final, todo esto se resume en una sola palabra: coherencia. Y a mí, cuando no la veo, me sale decirlo.
Una vez más, dicho queda.
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