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Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO

El futuro de África ya no es lo que era

Jeffrey Sachs, un economista famoso por su paso por el FMI y el especialista más conocido en economía del desarrollo, tiene un libro titulado El fin de la pobreza. En él habla de los mil millones, cifra redonda que representa la cantidad de seres humanos en este planeta cuyos ingresos diarios estás por debajo de 1,5 dólares (un dólar en 2005, el año de su publicación). Podría parecer que no está mal considerando que actualmente viven en la Tierra 8.000 millones de seres humanos, pero que eso se lo digan a los mil millones. Lo peor de la cifra en cuestión es que casi todos esos pobres de solemnidad viven en el mismo espacio geográfico: el continente africano. No hay muchas razones de que eso sea así, a no ser la célebre tautología económica que afirma que «los países son pobres porque son pobres», o dicho de otra forma: un país pobre necesita acumular cierto capital para salir de la postración.

Se habla del choque de civilizaciones cuando la conquista de América, pero al menos en América habían florecido al menos tres civilizaciones evolucionadas cultural y económicamente cuando Colón la ‘descubrió’: mayas, aztecas e incas. Por el contrario, África era un agujero negro sin ninguna entidad política significativa cuando los portugueses empezaron a bordear sus costas intentando encontrar una ruta hacia la India y su lucrativo comercio de especias para evitar los peajes de la tradicional ruta del Levante dominada por los venecianos. Al costear África los portugueses y después todos los europeos e incluso los árabes descubrieron un producto más lucrativo que las especias: los esclavos. El tráfico de esclavos drenó las energías del que no se recuperó en siglos.

Afortunadamente para África, el desarrollo económico avanza de forma imparable debido a la confluencia de diversos factores, alguno sorprendente: la generalización de los smartphones, la inversión en infraestructuras, la disminución de la fertilidad y, curiosamente, el fin de las ayudas al desarrollo por parte de Occidente. En este contexto, cada vez se consolidan más las grandes macrourbes africanas repartidas estratégicamente en la geografía continental, desde El Cairo hasta Johannesburgo, pasando por Kinsasa, Lagos o Jartum.

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