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Opinión | La Feliz Gobernación

El Cid seguirá siendo facha

El secretario de organización y portavoz de Podemos, Pablo Fernández,  en una rueda de prensa.

El secretario de organización y portavoz de Podemos, Pablo Fernández, en una rueda de prensa. / Alejandro Martínez Vélez - Eur / Europa Press

Hace un tiempo, no recuerdo ahora si la diputada o el diputado de Podemos en la Asamblea Regional encontró en El Cantar de Mío Cid una referencia de la que parecía deducirse un prematuro rasgo feminista en personaje tan denostado por la izquierda, y fue presentada como prueba de valor de que incluso El Cid era más adelantado a su tiempo que algunos actuales diputados del conjunto de las derechas. Enseguida, algún dirigente podemita señaló en redes que ese era el camino, el de restar referentes a la derecha, destruir sus ‘marcos’ de exclusividad y atizarle desde aparatos simbólicos de los que se ha apropiado. No es la única vez que en Podemos reivindican al Cid. Entre varias referencias en Google, destacan unas declaraciones del hoy apagado Juan Carlos Monedero al Diario de Burgos, patria chica del héroe, en las que aseguraba que "aunque está bien enterrado", simpatizaba con su calidad de "díscolo con el monarca". La idea parece clara: aunque el Cid se distinguió por las lanzadas al moro, a fin de cuentas es un personaje de leyenda, al que se glosa en el primer texto de nuestra literatura, y como todas las figuras históricas arrastra contradicciones en las lecturas que puedan hacerse desde este tiempo. Mejor extraer los rasgos ‘positivos’ para no dejarlo por entero en manos de la derecha.

El Cid aparte, esa fue la tesis que defendió Gabriel Rufián en su coloquio con Irene Montero: ¿Por qué la izquierda no debe hablar de seguridad, admitir la existencia del problema y abordarlo, claro que desde otra perspectiva de quienes, como Vox, lo han convertido en bandera vinculándolo a la inmigración? Montero respondió como habría respondido a alguien de Vox: lo que de verdad da seguridad a los ciudadanos es el feminismo, la sanidad y la educación públicas, etc. Rufián, entre derrotado y resignado, replicó: "Estoy cansado de tener razón". O sea, nadie va a sacar a la izquierda de un discurso cerrado que le proporciona, en las Comunidades ya testadas, el 1% de los votos.

¿Por qué, mientras tanto, la ultraderechade crece? Porque se les reponde llamándolos fachas, ultraderechistas y fascistas, con alusión a su electorado, que naturalmente se refuerza al sentirse estigmatizado. Alega Rufián: "No hay tantos fachas". Es posible. Tal vez se trata de que la izquierda no ofrece respuestas a cuestiones que le son incómodas. Y así, el Cid seguirá siendo un facha.

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