Opinión | La Feliz Gobernación
Tu cara me suena
¿Un encuentro nostálgico entre compañeros del 'viejo aparato' socialista? ¿Un aviso sobre el malestar? ¿Una ironía de jubilados para desatar especulaciones? ¿Una reivindicación tácita del tradicional ecosistema?

VIEJA GUARDIA SOCIALISTA. De izquierda a derecha, Manuel Torres, secretario general de Cartagena; Ramón Ortiz, exalcalde de Cieza y exsecretario regional; Juan Escudero, exalcalde de Los Alcázares y exsecretario regional; Antonio Martínez Mengual, exsecretario de Cartagena; José Manuel Torres, exsecretario de una agrupación cartagenera y exconcejal de la ciudad; Juan Durán, exportavoz parlamentario regional; Alfonso Navarro, exdiputado regional; Manuel Sanes, exalcalde de La Unión y exsecretario general. / Cuenta de Facebook de Manuel Torres
Compréndase el sobresalto. Si en mis años mozos de cronista político a pie de calle hubiera visto una foto como la que ilustra este artículo habría pensado, sin temor a equivocarme, que algo se estaba tramando en el PSOE. En el PSOE murciano siempre se está tramando algo, y suele empezar en la mesa de algún restaurante. Quienes ocupan ésta son veteranos conspiradores, un término, el de conspiradores, que entre los socialistas no tiene connotación peyorativa, pues desde la Transición ha sido el modus operandi. El que no conspira es un gil, parafraseando el tango. Pero esta vez conviene rebajar el grado de excitación. Tal vez se trate de un encuentro entre viejos compañeros de andanzas políticas que se recrean contando batallitas a modo de un club de excombatientes del Vietnam. Batallitas tienen los presentes para dar y regalar, pues en sus manos ha estado el poder socialista en la Región durante buenos, regulares y malos momentos. A veces desde lo institucional y otras, las más, desde el arraigo orgánico. En ocasiones, todos han ido en el mismo barco, y otras en flotillas distintas, pero el tiempo no solo alivia diferencias sino que une frente a adversidades comunes.
"Lo demás ya se verá"
Un grupo de amigos que se reúne de vez en cuando, con los mismos o añadidos comensales, en itinerancia por distintas localidades, sin mayor intención que ponerse al día sobre la política y la vida. Esa es la versión de los protagonistas. Aparte de que, dicen, ninguna conspiración se anuncia en Facebook, que es donde hemos captado la foto. Ya, sí, pero... Y está el pie de foto, que añade una intención: "Buena mesa, buena conversación... y buena gente. Lo demás, ya se verá. To be continued". Dicen: "Es una coña". Sabedores de que una foto como esta provocaría inevitables especulaciones, ellos mismos se adelantan a añadirle salsa. "Es para ponerle picardía", insisten. ¿Acaso desconocen que en las redes sociales no cabe la ironía, pues la mayoría de los usuarios tienen por costumbre quedarse en la literalidad de los mensajes?
Lo curioso es que quien actúa como anfitrión (la mesa es de la marisquería cartagenera La Marina, propiedad familiar), ha subido la foto y redactado el pie ejerce de más sanchista que Sánchez y de primer entusiasta de Francisco Lucas: el secretario general de Cartagena, Manuel Torres. Entonces, si se trata de una conspiración ¿contra quién sería? No cuadra, a no ser que Torres estuviera de oyente, para luego reportar. Puede ser, pero también podría entenderse (la saga de los Torres ha protagonizado todas las vicisitudes del PSOE cartagenero) como una concesión a la nostalgia de una clase política cuyos marcos eran reconocibles.
Desde el observatorio del sofá
No he preguntado a ninguno de los presentes por sus actuales simpatías políticas, pero es obvio que se trata de una colla de exdirigentes que, en general, empezaron a pasmarse ya desde los tiempos de Zapatero, por lo que cabe deducir que lo de Sánchez les debe parecer extraterrestre. Son parte de esa vieja guardia cuyos usos y costumbres obedecía a un ecosistema socialista que fue dinamitado por la adherencia del populismo podemita en la batalla para que aquellos emergentes no se les subieran a las barbas. Los socialistas prefirieron contaminarse antes que combatir. Ahora, todos los ex, profesionalmente jubilados (menos Manuel Torres, amarrado aún al duro banco), asistenten desde sus sofás al espectáculo que dan los telediarios de la política del siglo XXI como si de un mal sueño se tratara. Y de vez en cuando se reúnen, como si los estuviera escuchando, para razonar que cualquier tiempo pasado fue mejor. E incluso anterior.
Ahí está Ramón Ortiz, quien durante unos años fue líder regional del PSOE, y cuando perdió las elecciones dimitió en la misma noche y hora en que se dieron a conocer los resultados. El único caso conocido en la Región. Qué digo en la Región: en España. Le supongo su estupefacción ante lo que ha ido viniendo después.
Los que 'inventaron' a Lucas
Seguiré con Ortiz, de entre los reunidos el que más rango alcanzó en los tiempos de auge de estos veteranos aparatistas. Aunque renunció a sus títulos, fue pieza clave para que los también presentes Juan Escudero y Manuel Sanes conformaran un dueto directivo, y más tarde para 'descubrir' a quien ha acabado siendo en la actualidad el secretario general socialista, Francisco Lucas. En las primarias en que se enfrentaron Diego Conesa y María González Veracruz, los ortizistas (también denominados ya entonces 'el viejo aparato') estaban fuera de juego, pues el primero les era desconocido (surgió como por ensalmo aupado por Pepe Vélez con el favor de Ferraz), y la segunda pertenecía a la 'familia' política adversa, los tovaristas. En último extremo ingeniaron una tercera candidatura, que tuteleron en una reunión también celebrada en un restaurante, la Venta del Puerto de la Cadena, con la que forzaron una segunda vuelta entre Conesa y González Veracruz. Para ésta, Lucas fue llamado a Ferraz, donde el entonces secretario de Organización y Jéssicas (función esta última por entonces desconocida), José Luis Ábalos, lo aleccionó para que sus apoyos los volcara en Conesa. La apuesta coincidía con los ortizistas, cuyo objetivo principal era que perdiera Veracruz, quien a su vez no era simpática al sanchismo, pues en las primarias nacionales había apoyado a Patxi López y se había 'indisciplinado' con el voto a favor de la investitura de Rajoy en los tiempos del "no es no".
Pero Lucas, de la mano de Pepe Vélez, inició a partir de entonces su progresión, primero como portavoz parlamentario regional y después como portavoz de la Comisión de Justicia en el Congreso, hasta que los cálculos internos en la organización detectaron que Vélez perdería la renovación de la secretaría general , y de acuerdo con Ferraz, ya con Santos Cerdán en Organización y Servinabar (función esta última por entonces desconocida), se decidió que el mejor sustituto sería Lucas, pues existía el riesgo de que ganara Conesa, quien para entonces se había distanciado de Vélez y había sido vetado por Madrid. Pero para esta ocasión, había que reconstruir la mayoría, y Lucas debió entenderse, contra Conesa, con Veracruz, para quien Vélez era un abstáculo. Y fue un éxito.
Nuevas alianzas y destierros
Tal vez los viejos rockeros reunidos en La Marina contemplen con estupefacción que su 'invento' del Puerto de la Cadena haya promocionado tanto, lo cual podría ser motivo de orgullo si no fuera porque el objetivo había sido parar al tovarismo, con el que finalmente se ha aliado, una vez que también Ferraz concedió la amnistía a Patxi y los suyos, en el caso de Veracruz con la intercesión de Zapatero. Y, en consecuencia, 'el viejo aparato', desde el que se creó el liderazgo de Lucas, quedó olvidado, entre otras cosas por su incompatibilidad con el tovarismo. Eso duele, supongo. Pero, sin duda, personalidades que conocen tan de primera mano las interioridades y los condicionantes de la vida política, actores de tantos pactos y rupturas, en el fondo comprenden mejor que nadie este tipo de evoluciones. Aunque seguro que sigue doliendo.
También parece que Lucas y Vélez se han desamigado, quizá porque el segundo esperaba un rescate de parte de quien por tanto luchó ante Bolaños para que fuera portavoz parlamentario de Justicia y a quien arropó para que fuera secretario general con parte de los aparatos locales que todavía controlaba. La política tiene estas cosas: si ya no estás, no cuentas. Lo saben todos los que lo han sufrido y los más inteligentes de entre los que lo sufrirán.
Travesuras de jubilados
Los de la foto, posen como y donde posen, no podrían evitar el supuesto de conspiradores, pues como los de otros bandos, tanto se empeñaron en su tiempo. Diríamos que para disimularlo les falta en el centro de la mesa un mosaico de fichas de dominó para componer la definitiva estampa de jubilados gozosos con mucha leyenda para dar la brasa a los nietos descuidados que se dejen pescar. Pero, oiga, aparecen rejuvenecidos (lo asegura quien los ha conocido de jóvenes) y transmiten estar en lo mejor de lo suyo. La lejanía de la política activa les ha sentado muy bien, pero este recurso para la salud no cuenta para quienes portan el virus como un elemento innato. Uno observa la imagen, pregunta, y le dicen: son inocentes tertulianos. A otro perro con ese hueso. Los conozco, bacalao. ¿Que su tiempo ha pasado? El tiempo es cíclico.
Es hasta posible que la ironía de subir esta foto a las redes sociales constituya, en realidad, un divertimento. Y más con la coletilla: "Ya se verá. To be continued". Hay que tener mala fondingui. Una manera de sugerir: poneos a pensar si es que estamos tramando algo. Me consta que los teléfonos han echado humo. Y que alguno de los presentes se ha preguntado retóricamente, como sorprendido por el impacto: ¿estaríamos haciendo algo? Tal vez solo sea que una imagen vale por mil palabras o simplemente que los retratados están eligiendo la comanda. El actual PSOE los desconoce, pero sus caras nos suenan. Al verlos, a punto estuve del jamacuco. Ahora la marcha está en el club de jubilados.
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