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Opinión | Noticias del Antropoceno

La destrucción creativa

Un taxi de Lorca

Un taxi de Lorca / L.O.

Más de doscientos millones de empleos en el mundo consisten en conducir un vehículo a cambio de una remuneración. Son los mismos doscintos millones de autónomos o empleados por cuenta ajena que están siendo cuestionados por el desarrollo imparable de la conducción autónoma, que inicialmente está suplantando a los taxistas en diversas ciudades de Estados Unidos y China, y pronto en el resto del mundo. "¿Te gusta conducir?" es un célebre eslogan publicitario al que la inmensa mayoría de taxistas y camioneros responderían sin dudarlo con un 'no' rotundo. Y es que conducir como oficio no tiene nada de agradable y ahí está el mal carácter de muchos taxistas que sufren agotadoras jornadas de trabajo para evidenciarlo. La cuestión que preocupa, con razón, a esos millones de trabajadores del volante es: ¿y cómo me ganaré la vida si desaparece mi oficio?

Por lo que se oye, esa es la principal preocupación actual debido al revolucionario avance de la Inteligencia Artificial, tanto sus Plataformas como sus denominados Agentes, interfaces que te permiten encargar cosas a las aplicaciones de inteligencia artificial para que las ejecuten de forma autónoma combinando diferentes recursos. Un 80% de trabajadores temen por su empleo en el futuro debido a los avances de la IA. De ese 80%, una parte importante es gente que trabaja con un ordenador la mayor parte de su jornada. Solo puedo decir que la amenaza es real, aunque no dudo de que más pronto que tarde los políticos (especialmente europeos y españoles) se sentirán legitimados para intentar frenar el avance tecnológico poniendo trabas y limitaciones a su expansión natural con la excusa de evitar el desempleo. Será como ponerle puertas al campo.

Frente a esa versión arcaica y desnortada de nuestros políticos a izquierda y derecha, habrá que reivindicar la teoría más certera de cómo funciona la innovación en una economía capitalista de libre mercado, precisamente la que nos ha traído a la era de la abundancia desde el siglo XVII. Y que no es otra que la 'destrucción creativa' de Schumpeter: sobre los recursos liberados por la destrucción de lo viejo, se alzarán los frutos de la innovación impulsada por nuevos emprendimientos.

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