Opinión | Pan para hoy
Cronista taurino
Un café con Diógenes

Colección de cachivaches / L. O.
Lunes del Pasico en Torre Pacheco. En el Cuatro Rosas, mientras compartíamos café y confidencias, un mechero se manifestó sobre la mesa. Me asombré al redescubrirlo, mirando con extrañeza ese embotellador de lo indomable. Ese objeto lo trarerían los marcianos, quienes hicieron las pirámides e inventaron el gazpacho. El encendedor —o isqueiro, como dicen con tanta sonoridad los portugueses— es un objeto realmente específico. Aquello fue el fogonazo que alumbró un paseo por el mundo de los cachivaches.
El primero en salir a la palestra fue el herrete. Es, posiblemente, el objeto más insigne para mi generación, pues a él le dedicaron Phineas y Ferb una canción que todos recordamos. Según la RAE, no es más que el remate, generalmente metálico, que se pone a los cordones o cintas para que entren fácilmente por los ojetes.
Doña Paula, además de ser nuestra tutora, era profesora de Plástica y Dibujo Técnico. Aún hoy me asombra la facilidad de aquella mujer para trazar líneas perfectas sobre la pizarra. Había diseñado un instrumental tan rudimentario como efectivo: una tiza atada a una cuerda cuyo extremo sujetaba con la mano izquierda. Cuando quería dibujar un círculo, apoyaba un extremo del cordel en el tablón y giraba sobre su eje como un compás perfecto. Para las rectas, empolvaba la goma y, zurriéndola, la percutía contra el encerado con un golpe seco lacerando la pizarra. Doña Paula era muy buena en lo suyo.
Lo ínfimo es inabarcable. También en el instituto, unas arandelas de plástico se colocaban sobre la hendidura lateral de la hoja que aprisionaba el archivador cuando el soporte se descomponía por el vaivén del estudiante. El pisacorbatas, los sujetamangas y las ligas. Pese a que muchos prefieran la hoguera, la guillotina de puros y la guillotina a secas son realmente específicas, aunque la máquina revolucionaria sea demasiado aparatosa para este baúl.
En la barra del bar, el raspador de espuma retira surfeando la nata de la cerveza. A mí me hace gracia que exista tal cosa como un banderín específico para el linier, cuyos patrones cambian según la geografía: los ingleses suelen llevar uno a cuadros y otro completamente fosforito, mientras que en España siempre coinciden. Si hablamos de cubertería, tenemos que prepararnos para el delirio, pues hay quien consideró que el mundo estaba vacío e informe sin un cuchillo para la mantequilla. La variedad de vasos se agradece: es de general conocencia que ningún vino está tan bueno como el que se bebe del chato.
Mirando mi escritorio veo mil cachivaches más. Cuanto más desordenado es uno, más rarezas amontona. La situación se va haciendo insostenible en este trastero de Diógenes. Para honra de la ironía, tampoco me importaría ser aplastado por lo ridículo.
Suscríbete para seguir leyendo
- En directo: Nástic de Tarragona-Real Murcia
- Una sentencia del Supremo abre la puerta a devoluciones millonarias de IVA para los regantes murcianos
- En directo: FC Cartagena-Antequera
- La Región de Murcia sigue siendo en 2026 la Comunidad con mayor tiempo de espera para tramitar las ayudas a la dependencia
- Llega el gran día de los sardineros: este es el programa de este sábado 11 de abril de las Fiestas de Primavera 2026
- La lluvia no frena al Entierro en su 175 aniversario
- El macroproyecto de remodelación de San Antón, en jaque por la falta de financiación municipal
- Un fin de semana de flamenco y alegría: así será el Olé Fest en Los Alcázares