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Opinión | Mujeres Interesantes

María Martínez

Catedrática de Historia en la UMU

Mocita la del balcón

Una ilustración de la ciudad de Murcia.

Una ilustración de la ciudad de Murcia. / L.O.

"Mocita sal al balcón y dame el clavel de tu boca…", "que viene la estudiantina": eran letras anunciadoras entre guitarras, bandurrias y pandereta de que llegaba la tuna. Mis recuerdos se remontan a finales de los setenta, cuando se arremolinaba en cada esquina el aire de libertad. Y esas rondallas emergían en la democracia, aun como continuidad de la tradición medieval de los goliardos o estudiantes pobres que vagabundeaban cantando al gozo de vivir para costearse estudios.

En España la más antigua fue la de Salamanca, y el tuno más famoso fue Quevedo en la de Alcalá. Diversión, cortejo y subsistencia aunaban este medio de vida en los ambientes universitarios. En Murcia, cada tuna llevaba prendida en la ropa negra su tradicional beca con el color de la Facultad. Muy prestigiadas eran la de Medicina (amarilla) y Derecho (roja), que invariablemente nos sacaban a aquellas jóvenes que fuimos a los balcones y ventanas del Colegio Mayor Azarbe, entonces solamente residencia universitaria femenina. Rondaban con frecuencia, pues siempre hubo alguna novia de tuno en el colegio y era una manera de agasajarla, aunque todas nos beneficiábamos de la música, canciones y piruetas. A veces, algún duende (o duenda) abrió un portón trasero (o incluso hubo 'tunantes' que escalaron balcones) y se formó cierto alboroto en el patio sin mayores consecuencias que reiterar la prohibición de entrada.

La nocturnidad de la estudiantina era condición para 'correr la tuna' a estos pícaros aprendices de donjuanes. También en los pueblos había reconocidas rondallas que animaban las festividades. La Navidad era propicia para rondas nocturnas en las puertas de las casas: iban a dar serenatas. La mocita elegida salía al balcón, y si el padre lo permitía (como hizo el mío) los dejaba entrar y ofrecía dulces de Pascua y mistela. Estas prácticas culturalmente masculinas (la presencia de mujeres en la universidad en igualdad de condiciones no se legisló hasta principios del siglo XX, aunque la primera que se matriculó en 1868 fue Emilia Pardo Bazán) han perdurado, si bien ya hay tunas universitarias femeninas en algunas ciudades españolas, incluida Murcia (creo).

Sonidos del ayer que resuenan y mucho cuando, como desde 1997, se celebra en Murcia el Certamen Internacional de Tunas, y muchos viejos tunos nostálgicos disfrutan de la hospitalidad de nuestra ciudad, como veremos el próximo 9 de abril. Hubo otro tiempo en que los beneficios económicos de la estudiantina fueron para 'una obra humanitaria y patriótica': 'los mutilados de África' (de la guerra de Marruecos). Así lo publicó El Liberal de Murcia el 26 de diciembre de 1925. Y con esa estudiantina debutó entonces una 'preciosa niña de ocho años' que tocó la mandolina. Pionera tunanta innominada. Sumando.

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