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Opinión | La Feliz Gobernación

Man (and woman) in the moon

Interior de la nave espacial Orión, el corazón del programa Artemis rumbo a la Luna.

Interior de la nave espacial Orión, el corazón del programa Artemis rumbo a la Luna. / Robert Markowitz / NASA / Johnson Space Center

Decidí ver el lanzamiento de la nave Orión con destino a la Luna a través del 24 Horas de TVE, el único medio audiovisual que lo retransmitía, y con esto lo digo todo. Una misión, Artemis II, tan importante para la Humanidad, como así se proclama, promueve tan escaso interés que su inicio quedaba relegado a un canal informativo de ocasional sintonización, por lo demás estatal, sin que las cadenas privadas, tan ávidas de audiencia, calcularan la necesidad de seguir el acontecimiento. El ambiente en el estudio de televisión contagiaba tedio, sin que Xavier Fortes consiguiera animar a los tertulianos, que parecían exhibir indisimuladas ganas de marcharse a cenar a casa.

La reproducción de las imágenes en blanco y negro del primer alunizaje, el del Apolo 11 en 1969, transmitían todavía más emoción que el del arranque de la actual nave, una imagen decenas de veces vista a estas alturas, y la voz de Jesús Hermida lograba emitir mayor magnetismo que la de Fortes, a pesar de que éste se esforzaba en subrayar la excepcionalidad del hecho. Aparte de que esta vez la cuenta atrás, un rito popular similar al de los recuentos de Eurovisión, no provocaba emotividad alguna.

Y lo más sorprendente: la imagen de la nave espacial surcando los cielos se asemejaba como una gota de agua a otra a la de los misiles que se disparan en la guerra de Irán, con la única diferencia de que la primera seguía curso en vertical y los segundos presentan una trayectoria rasante. Civilización y barbarie nunca han sido tan semejantes en la plasticidad de la imagen televisiva. Ambos, cohete y misiles, responden a un mismo diseño que ciertos sectores del feminismo denominarían fálico o heteropatriarcal.

Puede, si bien lo pensamos, que sendas misiones sean, en realidad, la misma: a Irán, a por el control sobre el petróleo; a la Luna, a someter el espacio exterior desde el que dominar los recursos interiores. Nada nos sorprende ya desde el observatorio del sofá: ni el fuego lejano de los misiles ni esa cansina obstinación en la conquista de la Luna, más apasionante en el relato de Julio Verne que en el somnoliento comentario de los tertulianos de la tele.

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