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Opinión | La balanza inmóvil

Magistrado

‘Ius gentium’

Si una sociedad se mide por el respeto al ser humano y a la ley, llevamos 2026 años sin aprender nada

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. / Ilia Yefimovich /DPA/EP

El Derecho de Gentes y el Derecho Internacional Público están profundamente entrelazados, hasta el punto de que el primero es el antecesor histórico y conceptual del segundo. La evolución ha llevado a pasar de un derecho basado en la naturaleza humana a otro basado en la voluntad de los Estados.

Pues bien, ni hace 2026 años ese Derecho de Gentes ni ahora el Derecho Internacional Público han servido para nada ante la ambición y el desenfreno sangriento de ciertos personajes históricos que han marcado, y marcan en la actualidad, el paso de todos los ciudadanos del mundo. Entonces fueron Herodes, Pilatos y Caifás. Ahora son PutinTrumpNetanyahu.

El no va más del derecho en aquella época lo representaba ese ius gentium nacido para resolver los conflictos entre los romanos y los extranjeros. Era un derecho, por tanto, común a todos los pueblos basados en la razón natural, y, sin embargo, no se respetó en ese proceso a Jesús, cuyo mayor pecado fue el querer salvar a la humanidad del fariseísmo imperante. Proclamarse el rey de los judíos, manifestar que su reino no era de este mundo y negarse a contestar a las preguntas capciosas —en un juicio sin garantías— lo condenó. Pilatos prefirió lavarse las manos para complacer a un pueblo manipulado que le pedía crucificarlo. El sanguinario Herodes, que veía peligrar su trono, y el Sanedrín, compuesto por falsos profetas y ambiciosos sumos sacerdotes, encabezados por Caifás, hicieron el resto.

En nuestros días, el derecho internacional público tampoco es respetado por los líderes más potentes de este mundo. Un peligrosísimo Trump, a quien sus ideas peregrinas, sus cambios de opinión y sus amenazas constantes le llevan a asaltar la residencia de un jefe de Estado extranjero, detenerlo y llevárselo a EE. UU., con o sin apoyo interno de ese país invadido. Probablemente, tuvo apoyo, a juzgar por la sumisión vergonzante de la nueva presidenta. Putin lleva años matando gente en Ucrania para quedarse ilegalmente con territorios de ese país. Netanyahu, y otra vez , bombardean Irán con fines económicos, petrolíferos y de dominio del mundo. Los Herodes están de vuelta. Entretanto, la Unión Europea imita a Pilatos lavándose las manos. Finalmente, la invocación equivocada a un dios son los Caifás de turno.

Entonces, el derecho de gentes, que se constituyó como una especie de derecho común de los pueblos y que había sido heredado del pueblo griego, era aplicado directamente por los poderes políticos. Lo mismo que se pretende también 2026 años después. El fin de todo derecho, que es obtener la justicia, falló y dio lugar a un resultado injusto, que finalizó con la crucifixión de un inocente entre dos ladrones, uno bueno y otro malo, Dimas y Gestas. A las tres de la tarde de un viernes, se rasgó el velo del Templo, tronó el cielo y en el monte Gólgota o Calvario se oyó al Salvador pedir perdón por los que lo crucificaron: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen", y tras encomendar su espíritu, expiró. Entonces, a los mismos que le habían perforado manos y pies con clavos y le habían clavado una lanza en el pecho tras darle una esponja empapada en hiel y vinagre, se les oyó decir: "Realmente era el Hijo de Dios". Al pie de la Cruz, su madre y su discípulo preferido, MaríaJuan, presenciaron el cumplimiento de una sentencia dictada tras el juicio donde la ausencia de pruebas de culpabilidad fue evidente. El Derecho de Gentes había huido por las ventanas del palacio del quinto prefecto de Judea cuando entregó al Inocente a una muerte injusta, lavándose las manos. Pero al tercer día resucitó, venciendo de esa manera la vida a la muerte de aquel que dio su vida para cumplir la voluntad del Padre y para redimir de culpas a la humanidad. Solo así tenía sentido tanto dolor y sufrimiento. La fe se mezcló con el raciocinio cuando Tomás el Gemelo consiguió meter sus manos en las llagas de Cristo y se convenció del milagro de la resurrección del Maestro.

Falló entonces el ius gentium, como hoy está fallando estrepitosamente el derecho internacional, que es conculcado constantemente por unos cuantos. La UE, pero también la ONU y la Corte Internacional de Justicia, dan la sensación de que no sirven para nada, a tenor de su inactividad frente a tanto desatino de unos pocos. El derecho de gentes en su momento no sirvió, como tampoco ahora su versión moderna encarnada en el derecho internacional público, para salvar vidas inocentes. Si una sociedad se mide por el respeto al ser humano y a la ley, llevamos 2026 años sin aprender nada.

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