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Colectivo de Mujeres por la Igualdad en la Cultura
El Movimiento Democrático de Mujeres (MDM)

Manifestación bajo el lema ‘Divorcio y derechos para la mujer’, en 1976. / L.O.
El pasado sábado, 28 de marzo, el Instituto de las Mujeres y la Celebración de los 50 años de España en Libertad reconocieron, en un más que merecido homenaje, la labor del Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) en la defensa de los derechos democráticos y del feminismo durante la dictadura franquista y la Transición; un movimiento de mujeres olvidadas por la historia y que ha permanecido silenciado durante muchos años (Cristina Hernández, directora del ).
El Movimiento surgió de forma clandestina e, inicialmente, vinculado a destacadas activistas que desde los años 50 habían consolidado unas redes de "mujeres de preso" que participaban en actividades de solidaridad y que se vieron de vuelta a la esfera doméstica tras la liberación de los presos.
Muchas de estas mujeres pertenecían al PCE, que, como todos los partidos, identificaba al antifranquista con el luchador-hombre, relegando a las mujeres a labores de apoyo. Pero, a finales de los 50, la detención de militantes y el protagonismo de las mujeres en las huelgas, sobre todo en Asturias, hizo que el partido se planteara crear una organización de mujeres. Tras varios intentos decepcionantes, dos activistas comunistas, Carmen Rodríguez y Dulcinea Bellido, continuaron con la idea de crear una organización femenina a partir de sus contactos con las mujeres de preso. Estas habían continuado con su actividad, reforzando la solidaridad interna de los grupos y empezando a tratar otros temas en las reuniones. Así, a partir de una tertulia organizada por Eva Forest en 1964 y otros encuentros, a los que asistieron, además de las ya nombradas, Cristina Almeida, Manuela CarmenaMónica Acheroff y muchas más, se empezaron a tratar temas relacionados con la situación de las mujeres y la necesidad de politizarlas y movilizarlas contra la dictadura, y también contra el patriarcado, además de la conveniencia de que los partidos de izquierda incorporasen las reivindicaciones feministas a su discurso. No gustó al la orientación y la propuesta de estas mujeres, pero a pesar de ello, continuó ampliando su red de contactos; en 1964, el embrión de la organización ya estaba en marcha y, a finales de ese año, nacía el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM).
Se incorporaron a la organización activistas procedentes del mundo católico; las primeras células estables se crearon en Usera y Carabanchel, y hacia 1969 ya existía una red de 17 grupos de entre 10 y 25 mujeres que se reunían semanalmente. Tras su creación, el MDM promovió una serie de actividades para darse a conocer: documentos firmados por miles de mujeres con reivindicaciones como la derogación de la licencia marital, el fin de la discriminación salarial y el control sanitario de las gestantes, entre otras; se organizaron protestas, mítines en iglesias, mercados y plazas para reclamar mejoras salariales o denunciar el mal estado de los barrios o la escasez de centros sanitarios, escuelas o parques.
Algunos sectores iniciaron el viaje hacia el feminismo y empezaron a elaborar un discurso cada vez más comprometido. Con la llegada de una nueva generación de jóvenes, a principios de los 70, se inicia un aprendizaje feminista y se empieza a exigir la despenalización del aborto.
Entre 1969 y 1970, algunos grupos del MDM obtuvieron su legalización y pudieron inscribirse como Asociaciones de Amas de Casa o de Hogar; no se les permitió hacerlo como "de mujeres".
Durante la celebración del Primer Congreso Internacional de la Mujer, organizado por la Sección Femenina, las asociaciones de amas de casa recién creadas presentaron comunicaciones relacionadas con la educación, la formación profesional de las mujeres y los tabúes sexuales, y denunciaron la discriminación y la falta de libertades. Fueron abucheadas e increpadas por las delegadas oficialistas y, a partir de entonces, las solicitudes de los grupos fueron denegadas, primero en Madrid y más tarde en otras ciudades.
Aun así, siguieron creciendo y actuando en la clandestinidad; de hecho, entre 1970 y 1975, dirigentes del Movimiento madrileño como Maruja Aslaber, Rosa Roca o Queta Bañón, fueron detenidas y pasaron por los calabozos de la Dirección General de Seguridad, e incluso, en el caso de Emilia Graña, acabó encarcelada en Yeserías y acusada de escándalo público por repartir folletos sobre sexualidad femenina.
Según Mercedes Comabella, dirigente del MDM, existían 40 grupos próximos al Movimiento solo en Madrid, antes de la muerte de Franco.
Hacia 1975, los testimonios orales señalan que el MDM en Murcia contaba con entre 300 y 400 militantes, entre ellas Elvira Ramos, Nieves FernándezAna Martín y Emma Castro.
Todo este activismo demuestra el papel crucial llevado a cabo por estas mujeres y que ha sido definido como la movilización femenina más importante desde la posguerra. Para muchas mujeres, católicas de base, trotskistas, socialistas o militantes de extrema izquierda, el MDM les facilitó la primera experiencia como activistas en grupos de mujeres.
Desgraciadamente, este activismo protagonista no se reflejó en el liderazgo femenino; partidos y sindicatos consideraron que las reivindicaciones específicas de las mujeres eran secundarias y no problemas reales, es decir, relacionados con los intereses masculinos. Y así, los varones se hicieron con la dirección de la protesta vecinal antifranquista, ocultando la participación de las mujeres en el movimiento ciudadano.
A lo largo de sus 20 años de existencia, el MDM aglutinó a militantes de izquierdas, católicas progresistas, amas de casa, estudiantes y obreras. Lucharon porque estaban seguras de que sin ellas era imposible que la democracia se abriera camino y para construir "una sociedad más justa, donde nadie se realice a costa de otro" (Programa del del País Valenciano, 1976). Su papel es esencial para la historia del feminismo y la lucha antifranquista.
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