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Opinión | Salud y rock and roll

Carlota pide silencio

Un moment de la inaguración de la exposición de Jaume Piensa (derecha) en la Cárcel Vieja de Murcia.

Un moment de la inaguración de la exposición de Jaume Piensa (derecha) en la Cárcel Vieja de Murcia. / Juan Carlos Caval

El pasado miércoles, la Cárcel Vieja daba un paso más en su transformación como Centro de Cultura Contemporánea de la ciudad de Murcia. Abría sus puertas el módulo II, un espacio que acogerá a dos artistas al año, dos exposiciones y un proyecto por temporada. La primera exposición que inaugura este módulo viene de la mano de Jaume Plensa, Materia interior: «La vida deja huella en los lugares, pero el futuro los transforma». Un lugar oscuro, lúgubre, cargado de historia y sufrimiento; el que fue el módulo de presos de la prisión provincial acoge ahora la obra artística de Plensa a lo largo de 30 años dedicada a la identidad, el silencio, la escucha y la dimensión interior del individuo.

El módulo II deja atrás lo que fue para abrazar cada pieza, a través de juegos de luces y sombras, del vacío. La obra y el edificio te envuelven. Destaco las famosas cabezas femeninas, tan de Plensa que se pueden ver como parte de la exposición. Aún recuerdo a Julia, en una esquina de la Plaza Colón, a la que visitaba en mis paseos durante mi otra vida en Madrid. Como ella, en el centro del patio de acceso a la Cárcel, nos recibía Carlota, con sus ojos cerrados y su dedo índice sobre los labios, pidiendo silencio, ese que la clase política parece ser incapaz de conceder, y que durante el acto de inauguración los allí presentes fuimos testigos. Es metafórico ver en el centro del acto inaugural el arte implorando calma mientras el poder se empeña en todo lo contrario. «El arte tiene la capacidad de crear puentes entre las personas, ya que nace de una relación íntima para llegar a los demás», decía el artista internacional, pero parece que en la Región los puentes están rotos o directamente no existen. Les cuento por qué: el acto contó con la intervención de hasta 6 cargos públicos: Diego Avilés y Rebeca Pérez, concejales implicados en el proyecto; la directora general de Agenda Urbana del Ministerio de Vivienda; el delegado del gobierno, Francisco Lucas; la presidenta de la Asamblea Regional, Visitación Martínez; y el presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, antes de la conversación del alcalde con Jaume Plensa. Diego Avilés y Rebeca Pérez, como responsables de áreas implicadas en la rehabilitación y puesta en marcha de uno de los proyectos más importantes para el Ayuntamiento, dieron su agradecimiento y tuvieron palabras afectuosas para el alcalde y el artista; hasta aquí todo bien. La directora general estuvo muy correcta, pero llegó el turno del delegado del gobierno, el hombre más desubicado que conozco en política. En su cabeza sonaba espectacular puntualizar que las dos únicas administraciones que habían trabajado de manera conjunta eran el gobierno de España y el ayuntamiento, ya que el presidente, Fernando López Miras, se encontraba entre los asistentes, así como subrayar que el gobierno central había puesto el 70% de la inversión. Todo con un tono cargado de tensión innecesaria También hizo referencia a la historia del edificio, al sufrimiento que encierran sus paredes y la importancia de honrar la memoria. Pero aquí no quedaba la cosa; el presidente de la comunidad autónoma tomaba la palabra, reconocía el trabajo del alcalde y también ser su admirador. «Los líderes como el alcalde Ballesta que miran al futuro se engrandecen; los que miran al pasado se hacen diminutos». «Los que piensan en unir y hablan de unidad trascienden al paso del tiempo. Los que hablan de división y del pasado se evaporan». La tensión se respiraba, y el zasca al delegado del gobierno todavía retumba en los oídos de Carlota, que pedía silencio mientras todos los políticos hablaban en una cárcel. Entiendo el protocolo, las intervenciones públicas y aprovechar cualquier foco para lanzar mensajes, pero les pido que se dejen los mítines políticos y los navajazos dialécticos; no era el lugar ni el momento. El centro de cultura contemporánea empieza a ser el resultado de una reflexión profunda sobre la ciudad y creer en un proyecto; esto decía el alcalde, junto a que los seres humanos somos lo que vivimos y soñamos. Yo sueño con vivir en una ciudad que apuesta por la vanguardia, por la cultura, sin dejar a un lado la tradición y la historia, pero que avanza. Sueño con el silencio que pide Carlota y con que esos puentes de los que habla Plensa se construyan y sirvan para mejorar la vida de la gente; sin duda, este proyecto cultural a muchos nos da una bocanada de aire fresco y esperanza, aunque algunos se empeñen en emponzoñar. Enhorabuena a todos y que viva la cultura y, por favor, miremos al futuro.

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