Opinión | Miradas furtivas

Fotógrafo
Grises de Razón
El año pasado fui invitado a participar como fotógrafo en la muestra Colores de Pasión XI, exposición que actualmente puede contemplarse en la sala de La Glorieta del Ayuntamiento de Murcia. Aunque me gustó mucho, al mismo tiempo me extrañó la invitación, la verdad, pero, está uno tan convencido de que hay que subirse al carro cuando pasa por tu puerta, que dije que sí sin pensármelo demasiado. Me explico: evidentemente era la primera vez que participaba, aunque, posiblemente, sea la última, porque creemos que la mirada que uno puede aportar sobre estas fiestas religiosas no parece encajar, ni con los ‘Colores’, ni mucho menos con la ‘Pasión’. Y no se trata de que el proyecto no sea interesante como tal o, incluso, desde el punto de vista documental, que es lo que verdaderamente nos interesa de esta técnica; de hecho, una de las imágenes que pueden verse este año, concretamente la del Sábado Santo a su paso por el Arco de Santo Domingo, de Pepe Álvarez-Rogel, nos parece una de las más bellas y poéticas que hemos visto sobre estas nuestras tradiciones, pero creemos sinceramente que el sentido último de la muestra, su filosofía (el relato, como se dice ahora) pues nada tiene que ver con el sentido último de mis imágenes, tan cargadas de crítica como carentes de fe.
Desconozco el nivel de religiosidad del resto de mis compañeros fotógrafos en la muestra, pero, desde luego, conozco muy bien el propio y puedo confesar (nunca mejor dicho) que es inexistente o nulo. Es más, a veces hasta soy proselitista en el sentido de justificarla como una tabla de salvación, como una ‘invención’ del ser humano para poder acomodar su ignorancia ante el propio vacío existencial. Pasados esos primeros años de vida en los que nuestra mirada aún no distingue muy bien la realidad de la ficción, lo cierto es que muy pronto percibes que la mayoría de estas manifestaciones religiosas tienen más que ver con una especie de rito pseudoespiritual que con un verdadero acto de fe íntima. ¿Cómo entender, si no, la indiferencia emocional de muchísimas personas cuando exhibimos por nuestras calles una representación nada simbólica del sacrificio humano realizado por humanos?
Otra cosa sería participar en una muestra centrada en la Semana Santa, pero titulada Grises de Razón. Entonces todo encajaría sin necesidad de forzar el color donde no lo vemos. Porque hay miradas que no buscan el brillo, ni la exaltación, ni el consuelo; miradas que se detienen en la grieta, en la paradoja, en el silencio que queda después del ruido. Se trataría de imágenes sin fe, pero no sin verdad; de fotografías donde la emoción no se impone, sino que se interroga; donde el paso del tiempo pesa más que el paso de las procesiones y donde cada gesto humano (cargado, contradictorio, imperfecto…) se revela más cercano a lo real que cualquier promesa de redención.
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