Opinión | La balanza inmóvil
No a la guerra
Trump es un peligro mundial, y encima para colmo de despropósitos se considera digno candidato al premio Nobel de la paz

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / EFE/Graeme Sloan
Mira que me enerva, molesta y enfada que un partido político se apropie de un lema que es común a todos los españoles. Hubo una época -y me temo que aún siga existiendo- que se daba una vinculación mental entre la bandera de España, pulsera o pin, con la derecha. Y ahora es el «no a la guerra» que parece se ha apropiado la izquierda. Dicen y digo que a lo peor es para desviar la atención a todos los problemas profesionales, personales y de urnas, que afectan a determinados partidos políticos. Me niego a aceptar esta apropiación indebida. Yo llevo en el estado de mi móvil el «no a la guerra» desde que el ego de Aznar le llevó a hacerse la nefasta foto con Blair y Busch en las Azores. Ni que decir tiene cuáles fueron las consecuencias en EE UU, Inglaterra y España. Total, por unas supuestas e imaginarias armas nucleares, que después no existían, pero que se lo cuenten a los muertos de unos y otros países atacantes y atacados. Fue entonces cuando el «no a la guerra» se hizo viral para todo el mundo. Sin embargo, ahora parece que es solo cosa de las izquierdas. Y no es así, porque ese lema es de todos aquellos que tienen sentido común y un poco de empatía con el ser humano. Nada justifica bombardear territorios de otros países, con la excusa del «por si acaso». ¿No será más cierto que se está guerreando por cuestiones económicas, de locura y de expansiones territoriales ilícitas?, se pregunta el más ingenuo de los mortales.
Las consecuencias de toda guerra son, además de los muertos, la ruina en que se convierten pueblos enteros y la subida de precios para todo el planeta Tierra. El gobierno español acaba de aprobar decretos para ayudar al ciudadano en materia del pago de electricidad, carburantes y gas, bajando el IVA del 21% al 10%. Aprovecho la ocasión para reclamar, además del «no a la guerra», el «no al dinero negro». Si ese IVA del 21% que se aplica a la mayoría de los bienes y servicios de consumo, como ropa, electrodomésticos, tecnología, servicios profesionales, peluquería y reformas de viviendas, desapareciera, o al menos se rebajara a un porcentaje racional, e incluso que el pagador pudiera desgravárselo en Hacienda, a lo mejor las cuentas de este país serían más boyantes, al aflorar la enorme economía sumergida que nos ahoga. Si usted contrata una obra y tiene que pagar el 21% de IVA a lo mejor se le ocurre pagar en dinero negro para evitar pagar aún más de lo que vale la misma. El que lo recibe se lo mete directamente al bolsillo sin que Hacienda se entere, y el que paga se ahorra dinero. Todos contentos, menos las arcas del Estado. Por eso, la mejor manera de acabar con esas conductas es desaparecer, o al menos rebajar, o quizás poder desgravar ese IVA. Pero no, a nadie se le ocurre, o no interesa.
Pero volviendo a la guerra. Ahora mismo hay dos en curso, la de Ucrania (a la que el … de Trump dijo que acabaría con ella en un día, hace ya meses y años) por la invasión cruel de un déspota, con la finalidad de anexionarse territorios que no le pertenecen, y la de Irán, empezada también de forma ilegal por Israel y EE UU. Se ha juntado el amoralismo de Netanyahu con el egocentrismo de Trump. Aquél está utilizando a éste para sus intereses personales y de anexión de territorios, en tanto que éste, con su ego desmadrado, sus ideas perjudiciales y su gorra roja, incluso para recibir un soldado-cadaver, que acompaña sus ridículos bailes, quiere seguir demostrando al mundo que manda él. Solo que no le está saliendo bien, porque Irán no es Venezuela, ni ha encontrado a una sumisa Delsy en su camino.
Trump es un peligro mundial, y encima para colmo de despropósitos se considera digno candidato al premio Nobel de la paz. Si se lo dan dimito de mi condición de ser humano. Putin es un guerrillero nato. Y Netanyahu es un ambicioso desmedido, entre otras cosas más graves. A todos les une un común denominador, que es que les importa un bledo las vidas humanas. Menos mal que la historia y el juicio, al menos el final, los pondrán en su sitio, si es que antes no lo hacen los propios suyos, pues son ellos los que al fin y al cabo los han elegido. Estos personajes y otros dictadores son los que mueven el mundo. Qué dolor me produce. Hoy más que nunca.
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