Opinión | La Feliz Gobernación
Banco, no; zú

Las comitivas azul y blanca / L.O.
«Banca, no; zú». Esta es la respuesta de mi sobrina nieta Adriana, de dos años, a la provocadora pregunta: ¿eres blanca? El hecho explica mejor que ningún imposible relato que en Lorca la población se divida en blancos y azules. Pocas veces responde a una elección premeditada, pues cada cual se tinta de un color u otro desde la cuna. En mi familia hay dos respetables excepciones de prematura discrecionalidad sobrevenida, pero estas circunstancias son como está dicho: excepciones. Uno, que para todo fue un insufrible rebelde, sin embargo mantuvo orgullosamente la condición aprendida por la inducción materna, lo que a estas alturas es también un homenaje a la señora que me llevaba en brazos desde el primer año a ver los desfiles. Tengo, además, la rotunda convicción de que no se equivocó al transmitirme el color.
Ríetete tú de otras polarizaciones. Nos expresamos, sobre todo a partir de este Viernes de Dolores, con un sano fanatismo, expresión contradictoria en cualquier otro caso, pero comprensible para quienes no pueden actuar de otra manera en la Lorca blanquiazul. Como en todo, habrá excesos; los hay, y generalmente son contemplados a manera de estampas pintorescas que escenifican la intensa rivalidad. Pero por lo general y en mi caso prestamos más atención a las emociones que nos proporciona nuestra adscripción que a cuanto pueda producirse entre los otros. Tenemos mucho que disfrutar de lo que nos toca como para distraernos en asuntos ajenos.
La de Lorca es una Semana Santa abierta, en la que no se te pregunta por tu reflexiones acerca de la fe religiosa, pues con ella, sin ella o en la duda, cada cual profesa devoción a una figura materna dolorida por la muerte del hijo, un acontecimiento de tanta fuerza terrenal que no precisa de aditamentos divinos, y solo los muy tontos son incapaces de entender que vitorear a la Virgen respectiva de cada ‘paso’ es un acto de emocionalidad sentida, un tributo a la tradición y prueba de respeto a tus antecesores.
Puede que en esta experiencia, repetida cada año, subsista un fondo de atavismo, pero en todo caso sería un atavismo fabuloso. Así que a quienes me pregunten, responderé como Adriana: «Banco, no; zú».
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