Opinión | Desde mi picoesquina
OTAN, de salida, sí
España y Europa necesitan la implantación de un mecanismo de seguridad compartida, desde el Atlántico a los Urales, basado en la confianza y cooperación entre las naciones

Imagen de archivo de la cumbre de la OTAN con motivo de su 75º aniversario, el año pasado. / EFE/Michael Reynolds
En 1981 se debatía intensamente en España la incorporación del país a la OTAN, algo que se consumaría durante el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo el 30 de mayo de 1982. Ese sentimiento anti-OTAN, y en general contra la presencia de las bases militares de Estados Unidos (EE UU) en suelo español, tuvo presencia en los carnavales celebrados en Cartagena. Funcionaba en la localidad y en varios municipios de la comarca un potente Comité anti-OTAN —nutrido mayoritariamente por jóvenes antimilitaristas de la izquierda extraparlamentaria, básicamente de MC y LCR— con el que un servidor, presidente entonces de la Asociación de Vecinos Ensanche-Almarjal, potente entidad asociativa con más de 1.000 personas asociadas, colaboraba. Me pidieron que cediéramos la carroza del barrio para ese desfile carnavalesco, y la junta directiva que yo presidía, no sin algunas reticencias por entender que ello suponía politizar la actividad de la asociación, accedió a ello.
En la cuenta de Instagram del Archivo Municipal de Cartagena (https://www.instagram.com/p/DT7bPaajc5h/) puede leerse al respecto: «El sentimiento anti-OTAN, y, en general, contra la presencia de bases militares de los Estados Unidos en suelo español, quedó reflejado en la comparsa presentada por el Polígono del Ensanche en el pasacalle del carnaval de Cartagena de aquel año (28/02/1981). El periodista cartagenero José Monerri escribió, en su crónica sobre el evento, lo siguiente: ‘El Polígono del Ensanche presentó una carroza anti-OTAN, en la que podía leerse: «Un tanque igual a 84 tractores»; «Un bombardero igual a 30 escuelas»; «Un submarino igual a 35 sanatorios»; y «un portaviones igual a alimentos de dos millones de hombres en un año»’.
Transcurridos ya cuarenta años de aquel referéndum del 12 de marzo de 1986, ganado por Felipe González con la ayuda de una fuerte campaña de TVE, en el que del «OTAN de entrada no» se pasó a pedir la ratificación del ingreso en la Alianza, se han venido incumpliendo, desde entonces, aquellas promesas contenidas en la consulta: la no incorporación a la estructura militar; la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en el país; y la reducción progresiva de la presencia militar norteamericana en nuestro suelo.
Recordemos que el Partido Comunista de España (PCE) fue un importante impulsor del referéndum y que al calor de la gran movilización que acompañó a ese proceso nació Izquierda Unida (IU). Aquella OTAN que pretendía defender a Europa de la Unión Soviética (URSS) no ha hecho sino intervenir o provocar guerras: Bosnia (1995); bombardeo de Serbia, sin autorización de la ONU (1998), una ‘hazaña’ de Javier Solana; invasiones de Afganistán e Iraq; bombardeo de Libia, coordinado por fuerzas insurgentes … Recordemos, además, que, durante la reunificación alemana, se dieron garantías a Gorbachov de que la OTAN no se movería «ni una pulgada hacia el Este» y sin embargo, tras esa falsa promesa, se han ido incorporando Hungría, Polonia, República Checa, Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia… y finalmente Finlandia y Suecia, con lo que se ha consolidado un ‘cinturón’ de países que amenaza a Rusia, país que, tras la desaparición de la URSS, pidió infructuosamente incorporarse a la Alianza.
La OTAN sigue siendo una organización criminal y terrorista, al servicio de los ciclos expansivos y acumulativos del capital, con especial incidencia en la industria armamentística, y exige, pues, a sus miembros un incremento creciente del gasto militar. Una muestra de la sumisión europea a los dictados de Washington es que la UE destinó 326.000 millones de euros en 2024 a gastos militares (1,9% de su PIB). En ese contexto, la alocución repetida de Donald Trump, con ese lenguaje zafio e infantil que le caracteriza, de que «España es un país muy malo» por no querer dedicar el 5% del PIB para armarse no tiene en cuenta que el Ministerio de Defensa español adjudicó, en 2025, unos 32.000 millones de euros en gastos militares y que, entre 2024 y 2025, el Gobierno compró armas a EE UU por valor de 5.000 millones de euros. El 5% del PIB que pretende imponer la OTAN se concretaría, en el caso español, en unos 86.000 millones de euros/año, y todo para satisfacer las ansias de negocio del complejo militar-industrial yanqui. Por otro lado, el reciente acuerdo con Zelenski para producir conjuntamente drones con Ucrania es otra cara del militarismo al que, por desgracia, no es ajeno nuestro Gobierno.
En otro orden de cosas, la OTAN ha dejado sin efecto, de facto, la aplicación del Derecho Internacional, incluidos los Derechos Humanos, sobre todo desde que se ‘inventó’ aquella guerra contra el terrorismo. En estos momentos, además, mantenernos al servicio de Trump, un individuo psicópata, ególatra, déspota y que da muestras de escasísima formación intelectual supone un peligro para Europa. La atmósfera de guerra que amenaza no sólo la paz y la convivencia mundial sino la propia supervivencia de la especie humana exige, como en aquellos años de fuerte movilización anti-OTAN antes citada, la reactivación de un movimiento pacifista y antimilitarista, que ya existe: bajo el eslogan «OTAN, de salida, sí» se están organizando manifestaciones en todo el Estado, pidiendo también el desmantelamiento de las bases militares de utilización conjunta de Rota y Morón, con la denuncia de los acuerdos de 1953 entre Franco y el presidente Eisenhower. Recordemos que al presidente norteamericano le convenía aprovechar el anticomunismo del dictador, mientras que para el régimen franquista esos acuerdos, junto con el Concordato con el Vaticano firmado un mes antes, supusieron la integración definitiva en el bloque occidental, superando el aislamiento padecido desde el final de la II Guerra Mundial por su alineamiento con las potencias del Eje.
España y Europa necesitan la implantación de un mecanismo de seguridad compartida, desde el Atlántico a los Urales, con ausencia de la disuasión militar (y por supuesto, nuclear), basado en la confianza y cooperación entre las naciones para que pasen a la Historia los conflictos armados.
Mientras tanto, sigamos reivindicando: «OTAN, NO, BASES FUERA». «OTAN, DE SALIDA, SÍ».
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