Opinión | NOTICIAS DEL ANTROPOCENO
La energía que nunca debió faltar
Después de los sucesivos choques petrolíferos de los años 70, la energía nuclear vivió una era de desarrollo imparable. El mundo había aprendido una gran lección: su movilidad y su economía no podían depender de los acontecimientos de la región más inestable del planeta, en el que un Estado inventado por las potencias anglosajonas se había incrustado en un territorio hostil como un cuerpo extraño que el resto de las naciones vecinas rechazaba con todas sus fuerzas. Solo transcurrieron algunas décadas para que la izquierda política (o los verdes como una de sus múltiples encarnaciones) volvieran a echar mierda y desacreditar de nuevo la nuclear, ayudados, eso sí, por la enorme incompetencia de los ingenieros soviéticos que permitieron el accidente de Chernóbil o las necesidades políticas de los conservadores alemanes que soñaban con perpetuarse en el poder de la mano de unos verdes particularmente civilizados pero antinucleares. Solo resistieron los galos, como en los tiempos de Astérix.
Ahora, por la boca de Úrsula van der Leyden, antigua ministra de Defensa en los Gobiernos de Angela Merkel, Alemania confiesa su error y se une a Francia en la defensa de la alternativa nuclear como el complemento idóneo de las fuentes renovables de energía. Hasta un ciego puede apreciar su perfecta complementariedad. Las renovables necesitan un respaldo que solo puede proporcionar el gas o la nuclear. Ahora estamos viendo que el gas está también sometido a los vaivenes de la geopolítica. Y el tema es más dañino para los europeos que en los 70. A los países del Golfo se ha sumado Estados Unidos como primer país productor. Y ya hemos comprobado que la potencia norteamericana ni es una amiga ni es fiable. A las pruebas me remito cuando Trump ha optado por ayudar a Rusia en contra de Ucrania.
La única solución razonable para Europa es dejar definitivamente de depender de rusos, árabes y norteamericanos (ahora también en control del petróleo venezolano) para depender solo de sí misma mediante las renovables y la nuclear. La alternativa es la sumisión a las fuerzas oscuras que están dirigiendo nuestro planeta, ahora y en un futuro previsible.
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