Opinión | Tribuna Libre

Eurodiputada del Partido Popular
La vivienda: el gran reto social de Europa
Construir más vivienda no es una opción de derechas o de izquierdas, es una obligación de responsabilidad

Vista de un bloque de viviendas en construcción en Madrid, España, en una imagen de archivo. / EFE/Mariscal
Hay jóvenes en España con trabajo, con formación, con ganas de construir su vida. Y que siguen viviendo en casa de sus padres a los 30 años. No por elección. Por imposibilidad.
Solo el 15,2 % de los jóvenes españoles vive fuera del hogar familiar. Es el dato más bajo desde que hay registros. Y mientras eso ocurre, el precio de la vivienda en nuestro país cerró 2025 con una subida del 13,1 %, el mayor incremento desde 2007. La brecha entre lo que se gana y lo que cuesta vivir no para de crecer.
Este martes, el Parlamento Europeo ha aprobado el primer gran informe sobre la crisis de vivienda en la Unión Europea. Es un paso importante. Porque nombrar el problema con claridad, a escala europea, ya es un acto político.
Los números de una crisis que no es nueva, pero que se ha agravado
Desde 2010, el precio de la vivienda en la UE ha aumentado un 60,5 % y los alquileres un 28,8 %. No son abstracciones estadísticas: son años de vida, de proyectos aplazados, de familias que no llegan.
A Europa le faltan 10 millones de viviendas. Y al mismo tiempo, los permisos de construcción han caído de casi dos millones en 2021 a 1,5 millones en 2024. Menos vivienda disponible, más demanda, precios disparados. El mecanismo es sencillo de entender. Lo difícil es tener el coraje político de resolverlo.
En España, el Banco de España eleva ya el déficit a 700.000 viviendas. Con una subida del 18,4 % interanual en el precio de la vivienda usada en enero de 2026, no hay margen para seguir esperando.
El diagnóstico es claro: el problema es de oferta
El informe aprobado por el Parlamento Europeo —impulsado desde el Partido Popular Europeo— no se pierde en eufemismos: cuando no se construye suficiente vivienda, los precios suben, el mercado se tensiona y el acceso a un hogar deja de ser un derecho para convertirse en un privilegio.
La respuesta tiene que ir a la raíz. Y la raíz es la oferta. Por eso el informe propone cuatro líneas de actuación concretas:
- Más vivienda. Construir más, rehabilitar más, ampliar el parque disponible. Sin más oferta, cualquier otra medida es insuficiente. Es condición necesaria, aunque no suficiente.
- Menos burocracia. En demasiados lugares, construir una vivienda requiere años de trámites administrativos. El informe propone un plazo máximo de 60 días para la concesión de licencias de obra, con procedimientos digitalizados y simplificados. No es una utopía: es una decisión de gestión.
- Más inversión, pública y privada. Los recursos públicos son necesarios, pero no bastan. Hay que atraer inversión privada con incentivos claros —incluida la reducción del IVA a la construcción—, seguridad jurídica y marcos regulatorios estables que no cambien al ritmo de los ciclos electorales.
- Defensa de la propiedad y regulación de la vivienda turística. El informe protege la propiedad privada y combate la ocupación ilegal, que genera inseguridad jurídica y retira vivienda del mercado.
Cada territorio es distinto, y eso importa
La vivienda no es igual en Berlín que en Murcia, en Ámsterdam que en un municipio rural de interior. Los mercados de vivienda en Europa son muy distintos entre sí, y las competencias corresponden en gran medida a los gobiernos nacionales, regionales y locales.
Precisamente por eso, las políticas que funcionan son las que facilitan la construcción, agilizan los procedimientos y generan confianza inversora. No las que desincentivan la oferta con regulaciones que acaban reduciendo las viviendas disponibles y encareciendo las que quedan.
El Gobierno de la Región de Murcia ya está avanzando en esa dirección, con el proyecto de Ley de vivienda asequible, impulsando reformas para aumentar la oferta y desbloquear desarrollos urbanísticos. Va exactamente en la línea de lo que el Parlamento Europeo acaba de aprobar.
La vivienda no puede ser un campo de batalla ideológico
Los jóvenes que no pueden emanciparse no son un dato político. Son personas reales con proyectos reales que el mercado —y la inacción— les está negando.
Europa ha dado un paso esta semana. Ha puesto nombre al problema, ha propuesto soluciones concretas y ha enviado un mensaje claro: construir más vivienda no es una opción de derechas o de izquierdas. Es una obligación de responsabilidad.
Ahora le toca actuar a los gobiernos. El camino está trazado. Las excusas, cada vez menos.
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