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Opinión | Este humano desorden

Herbario emocional de la mentira

Herbario emocional de la mentira.

Herbario emocional de la mentira. / L.O.

Todas las mentiras queman, mientras que la verdad es siempre fresca y funciona como una brisa que viene desde el Ártico. Me interesa la mentira como fiebre humana, pero no conozco ningún tratado filosófico y literario sobre ese asunto. Nietzsche escribió sobre el concepto de "verdades necesarias", Pascal sobre la idea de los "engaños del corazón", Unamuno habló de la "mentira entrañable", y Proust la trató como mecanismo de supervivencia. No sé si existe algo así como una taxonomía poética sobre este asunto o una especie de herbario emocional sobre el mismo, pero debería.

Dicen que la mentira nació el día en que el ser humano se dio cuenta de que la verdad era demasiado grande para su pecho y que mentir fue uno de los primeros actos de supervivencia, la primera salvación por la palabra que alguien pronunció para no morir de frío. Como el muchacho lleno de curiosidad que he sido siempre, me he pasado media vida viendo cómo miente la gente que ama, la gente que tiene miedo, la gente que vive de verdad. He visto mentiras que salvaban y mentiras que mataban la ilusión, que es lo más supremo que hay en el hombre junto a la esperanza, y he visto mentiras tan pequeñas que apenas tenían diámetro y otras tan hondas que parecían una tumba.

Mentir es una forma de temperatura

Mentir es una forma de temperatura que no registran los termómetros. Es una fiebre hegemónica. Los seres humanos mentimos como sudamos: para no perder del todo. Hay mentiras que nacen del miedo, otras del orgullo, otras del cálculo. Hay mentiras frías. Mentiras torpes. Mentiras que cometen quienes aman demasiado y mentiras que usan quienes no saben ordenar su propio mundo interior. Hay muchas clases de mentiras y las que más me interesan literariamente son las mentiras tipo "tristes", esas que no buscan ventaja ni poder, sino alivio. Mentiras que no levantan imperios ni destruyen países, pero erosionan silenciosamente el corazón de quien las dice y de quien las recibe. Son las más comunes y las menos juzgadas, porque se parecen demasiado a nosotros mismos.

La mentira tipo triste no se pronuncia con malicia. Se dice con mucho cuidado, casi con ternura. A veces incluso con lágrimas. Es la mentira que surge cuando la verdad pesa demasiado en el corazón y no hay fuerza suficiente para cargar con ella. No se dice para engañar expresamente, sino más bien para aplazar un derrumbe. Ni siquiera se dicen para tranquilizar al otro, sino para no tener que explicar una grieta. Es un tipo de mentira que se coloca como una manta suave sobre el pecho en una noche larga, sabiendo que no abriga lo suficiente, pero puede engañar un poco al frío. Una mentira tipo triste es "no pasa nada", cuando en realidad pasa mucho. A veces ese no pasa nada se pronuncia con la misma voz con la que se rompe una carta sin abrir. Decir "no pasa nada" es como cerrar una puerta con suavidad para no oír el ruido de la realidad al arder, al crepitar.

También es la mentira del "te lo diré después", que es una forma educada de decir nunca. Ese después no nace del deseo de ocultar algo, sino de la esperanza de que el tiempo lo arregle todo. Y lo arregla de verdad.

Las mentiras tipo tristes también abundan en el amor porque nacen ahí mezcladas siempre con el miedo. De hecho, casi todas las mentiras de amor lo son. Decir "te quiero" cuando lo que se persigue es no quedarse solo, es una de ellas. Decir "solo eres tú" cuando el corazón está lleno de habitaciones cerradas con la llave de terceros, es otra de ellas. En el amor, generalmente, no se miente para herir, sino para conservar algo que ya está herido de muerte.

Hay mentiras que nacen del miedo, otras del orgullo, otras del cálculo. Hay mentiras frías. Mentiras torpes. Mentiras que cometen quienes aman demasiado y mentiras que usan quienes no saben ordenar su propio mundo interior

Y hay también mentiras sagradas que se dicen para proteger lo más íntimo. Y mentiras cobardes que tratan de evitar un conflicto. Y mentiras inútiles que son ridículas y no tienen función. Y esas mentiras tipo pasión, que comete el deseo cuando no sabe esperar. ¡Qué poco sabe esperar el deseo!

Y mentiras abisales, profundas, que son las que nos engañan a nosotros mismos. Y las mentiras "residuo", que son las más tontas de todas y se dicen por moda.

Pero existe una mentira especialmente cruel y dolorosa, la mentira que se dice sin remordimiento. Son mentiras tipo "hielo". Son las de quienes mienten con la conciencia dormida, las de quienes no lloran nunca al decirlas. Cuando alguien ya no siente culpa al mentir, no es que haya perdido la moral, ha perdido la dignidad. Para esa persona el otro ha dejado de ser un límite ético y lo ha convertido en un decorado de papel.

No todas las mentiras son culpables

Pero no todas las mentiras son culpables. Algunas pueden llegar a ser intentos torpes de generosidad. El anciano que dice que no le duele nada para no preocupar a sus hijos o a sus nietos o el amigo que sonríe para no contagiar su pena en una fiesta. Algunas mentiras forman parte de esas mentiras piadosas que se dicen con dulzura y contienen una bondad disfrazada. A veces son necesarias para que alguien respire mejor. Pero incluso esas mentiras piadosas queman, remueven la temperatura del alma.

La verdad, en cambio, ventila, abre ventanas, deja pasar el aire que viene de la nieve y mueve las cortinas. La mentira solo mantiene caliente lo que se está pudriendo.

¿Por qué mentimos? Mentimos porque nadie nos ha enseñado bien a perder o a morir. Mentimos porque no sabemos despedirnos o porque no sabemos sostener la tristeza sin convertirla en otra cosa. Vivir rodeado de mentiras tristes es convivir con la desidia.

Quizá la inteligencia consista en aprender a decir verdades imperfectas antes de que la mentira se vuelva hábitat, en preferir el escalofrío intenso de la verdad a la fiebre espesa del engaño, en asumir y comprender que la tristeza dicha duele menos que la tristeza que se esconde. Porque lo verdaderamente humano no debería ser mentir, sino decir siempre con voz limpia y fresca: "Esto es lo que hay, aunque no sea hermoso".

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