Opinión | La Feliz Gobernación
Vox, un mundillo sin reglas

Santiago Abascal (izquierda) junto a José Ángel Antelo, en la visita que el líder de Vox a Murcia en febrero de 2025 / Juan Carlos Caval
Calificaba Santiago Abascal a Pedro Sánchez, hace un par de días, de «aprendiz de dictador». Lo de ‘aprendiz’ está bien traído, pues nadie con más propiedad que aquél ostenta la cátedra. Es la primera vez en esta Región, que uno recuerde, en que a la destitución o cese del líder de un partido, de derechas o de izquierdas, no le sigue la convocatoria de un congreso extraordinario o, al menos, la creación de una gestora hasta tanto no se concierte la asamblea representativa de los afiliados.
José Ángel Antelo fue destituido como presidente provincial de Vox mediante un recurso de formalidad democrática, aunque estuviera inducido por la dirección nacional: la dimisión de su comité ejecutivo provocó que quedara sin funciones. Correcto. A partir de ese suceso, lo previsible en lógica democrática es, bien la creación de una gestora hasta la convocatoria de un congreso que elija un nuevo líder, bien la celebración inmediata del congreso. Sin embargo, Abascal ha designado al nuevo presidente murciano de su partido sin intervención alguna de cualquier órgano intermedio de la organización sino por la vía criminal: el dedazo. Muy propio de quien se ha instituido presidente vitalicio de una fundación. Abascal debe dar por sabido que la democracia es un sistema decadente, y también que los partidos han de adaptarse al nuevo paradigma de ‘un mundo sin reglas’. Un mundillo, en este caso.
José Manuel Pancorbo es desde ahora el nuevo líder de Vox por la gracia de Dios, acompañado de un equipo que le ha sido empotrado. Y los militantes, como los aficionados del Betis en la época de Lopera: «Lo que diga don Manuel». Hay que suponer que los estatutos del partido, como otrora las Leyes del Movimiento, prevén estas cacicadas. Pero de cara a la galería todo esto resulta de una obscenidad insultante.
¿Qué legitimidad democrática tiene un líder designado a dedo, sin ni siquiera simular un paripé electoral? En Vox hace tiempo que se saltan a la torera cualquier formalidad y lo más sorprendente es que la militancia acepta hasta con aplausos el dirigismo autocrático de la cúpula nacional contra cualquier atisbo de participación. «Alcalde, lo que nos eches», como en la canción de Javier Krahe. Todo un estilo que advierte sobre conductas futuras si existiera la oportunidad de que se trasladaran a las instituciones públicas. Queda inaugurada la abascalcracia.
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