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Opinión | Mujeres interesantes

María Martínez

Loreto López, restauradora

Loreto López

Loreto López

No se trata de fogones, aunque le gusta comer bien a esta restauradora profesional de lo bello (pintura, escultura, mobiliario, etcétera). Loreto, nacida en El Barrio, se licenció en Historia del Arte en la UMU (recuerda al profesor Paco Plaza que le embobaba) porque en los años de su formación no existía la Facultad de Bellas Artes. Pero su competencia en esta artística profesión u oficio con arte la adquirió en un máster monográfico.

En nuestra capital las restauradoras en los años noventa eran ‘habas contadas’. Con dos restauradores fundó un taller que empleó hasta a once personas. En sus manos tuvo señeras obras para su restauración: las pinturas de la iglesia de los Jerónimos, las del del palacio de Guevara, las del salón de baile y el tocador de señoras del Real Casino; el escudo de los Marqueses de Montemar… Veinticinco años dan para mucho y para su reconocida competencia y experta profesionalidad.

Ha llevado y lleva actualmente en solitario su paciente e intenso ritmo de trabajo con otros quehaceres que combina con activa jubilación: la atención a su madre nonagenaria y a su primer nieto. Tiene mucha energía, su voz juvenil y agradable lo delata.

Se enamoró (con permiso de su marido) a los 14 años del autorretrato de Durero cuando lo vio por vez primera en el Museo del Prado. Patrona de la Fundación Hernández Carpe, ha participado en un grupo de teatro con lecturas dramatizadas, desde hace tiempo es conservadora de las imágenes de tres cristos murcianos (el del Refugio, el del Rescate y el del Gran Poder). Esta mujer de ojos verdes (como su color preferido) que combinan con su pelo castaño claro, casada y con dos hijas, no para: publica en la revista del Casino; en la de la Real Academia Alfonso X, de la que es miembro; le ha atribuido con acierto en reciente publicación a Nicolás de Bussy una escultura y sigue con los encargos particulares de restauración de ‘cosas más cómodas’. Y suma y sigue.

El taller no tiene sucesora (su hija es profesora de Dibujo). En este periódico escribió una sección, La cápsula del tiempo, y al respecto, para finalizar, le pregunto qué encapsularía de Murcia en los 1200 años desde su fundación. Habría que tener un contenedor enorme, pero elige el corazón de Alfonso X (el arca se está restaurando por fin) y ese olor a azahar tan nuestro.

Se define como persona ‘moliente y corriente’, de guiso de olla gitana, de caminar en la naturaleza, de estar con los suyos, su familia y amigos. Verde que te quiero verde, Loreto. Siempre activa, responsable, afectuosa y competente como cuando empezaba hace cuarenta años. Adelante.

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