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Opinión | La Feliz Gobernación

Vox, aprendices del sanchismo

Antelo, hablando por teléfono junto al diputado Rubén Martínez Alpañez antes de la Junta de Portavoces en la Asamblea.

Antelo, hablando por teléfono junto al diputado Rubén Martínez Alpañez antes de la Junta de Portavoces en la Asamblea. / Iván J. Urquízar

Vox se ha desgañitado, y con toda razón, preguntando por qué Pedro Sánchez destituyó a José Luis Ábalos no solo del ministerio de Transportes sino también y a la vez de la secretaría de Organización del PSOE. A toro pasado, parece claro, aunque Sánchez siga haciéndose el longui sobre los motivos que para todos nos parecen obvios. Lo estupefaciente es que esta inquisición de Abascal contra el PSOE no vaya seguida de un comportamiento ejemplar en su caso cuando circunstancias similares concurren en su propio partido. ¿Por qué ha destituido a José Ángel Antelo de la presidencia de Vox en Murcia y, a renglón seguido, de la portavocía de su Grupo en la Asamblea Regional? Es inútil preguntar, porque nadie en Vox lo sabe. Los dirigentes y militantes de Vox responden a este misterio con la misma disciplinada actitud que los socialistas aceptaron en su día la decapitación de Ábalos. Sin preguntas. Solo el Gran Líder lo sabe.

El paralelismo es exacto. Porque los diputados regionales que ayer firmaron la destitución de Antelo como su portavoz pretextan, condicionados por la consigna presencial de la vicesecretaria nacional Montserrat Lluís, que su hasta ahora presidente provincial ha rebasado los límites en la crítica a Abascal por los términos en que se expresó el pasado viernes en su rueda de prensa en Molina de Segura y las declaraciones del domingo a La Opinión. Bien. Pero estos hechos son posteriores al decreto de su defenestración. Es de una ingenuidad ridícula tratar de justificar la caída de Antelo por su respuesta a su expulsión. La expulsión es lo primero (camuflada de un supuesto ascenso a una secretaría nacional y una posible designación como candidato encomendada al ya te veré), y sus reacciones consiguientes no pueden ser el pretexto que justifiquen una decisión ya tomada.

Más claro: no se lo cargan por su reacción a la destitución, sino que ya habían decidido sutituirlo. Obvio. Por tanto, no valen las consecuencias de su crítica posterior, sino que se espera conocer lo que en realidad motivó su relevo. ¿Por qué? Es la pregunta que todo el mundo, incluido Abascal, se hizo cuando Sánchez despidió a Ábalos. Quienes ayer decidieron votar la sustitución de Antelo como portavoz no saben por qué lo hicieron. Es decir, los más feroces críticos del sanchismo son en realidad sus más aventajados aprendices.

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