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Opinión | Lo veo así

La defensa del burka y el niqab: pura hipocresía

Ha de ser duro votar a favor de una propuesta de Vox, pero alguna vez se tendrá que plantear este tema

Dos mujeres con burka en Afganistán

Dos mujeres con burka en Afganistán / EFE/Archivo/Qudratullah Razwan

Somos un país muy curioso. Nos incorporamos a la lista de Estados democráticos en el año 1977—cuando se celebraron las primeras elecciones libres tras la muerte de Franco—, pero nos permitimos dar clases de igualdad, de justicia social, de respeto a las minorías —y todo los respetos que a ustedes les parezcan— a países y gobiernos europeos que llevan muchos más años que nosotros gozando de esa libertad de la que carecíamos antes de esos comicios de 1977 que hicieron posible la redacción de la Constitución de 1978: la carta magna que nos iguala a todos, que nos hace sentir ciudadanos de primera.

Sí, les damos clases de libertad a países europeos que nos llevan años y años de experiencia democrática y que tienen prohibido, total o parcialmente, el uso del burka y niqab en espacios públicos por razones de seguridad y convivencia. Y estamos hablando de Francia, de Bélgica, de Austria, de Dinamarca, de Países Bajos, de Suiza.

Países con muchísima más experiencia que nosotros en democracia y en acogimiento a inmigrantes, que hace años decidieron que el uso de estas prendas no tiene nada que ver con la libertad religiosa y sí con la dignidad y la libertad de la mujer que es sometida, por el hombre, a una desaparición total de la sociedad en la que vive, porque no puede haber humillación mas terrible que condenar a un ser humano a existir bajo una tela.

Y Alemania —que continúa estudiando la prohibición total— hace años que aplica restricciones parciales, enfocadas al no uso de estas prendas en funcionarias, militares y juezas. Incluso Bulgaria, hace tiempo, y Portugal, recientemente, implantaron medidas similares, encaminadas a dignificar la imagen de la mujer, sí, pero también la seguridad en los lugares públicos, porque no se puede saber quien se esconde debajo de tales prendas.

Es fácil comprender que para la izquierda ha de ser duro votar a favor de una propuesta de un partido de ultraderecha como Vox —fue este partido el que presentó, en el Parlamento, la semana pasada, la iniciativa de prohibir el burka y el niqab en espacios públicos— pero en algún otro momento tendrá que plantearse estos temas porque, en todos los países apuntados, decidió también la izquierda, que quizás tiene menos complejos que en España. Complejos que a veces les hace tener un discurso incluso en contra de la opinión de sus votantes. Quizás debería de preguntarse los motivos por los que se atisba un gran alejamiento de los ciudadanos. Y esto se nota en las abstenciones de las últimas elecciones que deberían de hacer reflexionar.

Que algún político, como Rufián, por ejemplo, diga categóricamente —delante de una nutrido auditorio que reflexionaba sobre el futuro de la izquierda, en Madrid—, que estar en contra del burka: «Es una salvajada que la izquierda no puede permitir», nos habla del profundo desconocimiento que tienen de la sociedad en la que viven.

Como Oulad Mhammed, delegado de la Comisión Islámica de España, en Madrid, que ha venido a decir que «Hablar de burka en España es hablar de algo que no existe» y que «el Niqab no es burka. No tienen el mismo significado ni la misma presencia».

Pues mire, no se que significado tienen una y otra indumentaria, pero las dos poseen la misma función: tapar por completo a la mujer ocultando sus caras a las miradas de los otros y haciendo que una persona—la mujer claro—viva humillada y sometida a la voluntad del hombre, que es lo que se pretende.

Mhammed dice que en lo del Burka solamente se da en una o dos mujeres por región—yo ya he visto en esta las dos que nos tocan—y que el miqab, que si es una prenda visible en muchas ciudades españolas—que se lo digan a los habitantes de Mazarrón—es una prenda religiosa.

Pues venga, a estudiar el Corán y descubrir donde dice lo de tapar las caras a las mujeres.

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