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Opinión | Desde mi picoesquina

La trágica soledad de Cuba

Después del ilegal secuestro de Nicolás Maduro, el pasado día 3 de enero, el tándem Donald Trump-Marco Rubio se disponen a culminar lo que las élites estadounidenses llevan anhelando desde hace más de 60 años: el fin del régimen cubano, faro y guía de muchas revoluciones en todo el mundo desde que aquel barbudo, Fidel Castro, en compañía de Ernesto ‘Che’ Guevara, comandara desde Sierra Maestra a un grupo de compatriotas que, en enero de 1959, derrocaron la dictadura de Batista.

El inquilino de la Casa Blanca le ‘tiene ganas’ a una Cuba que, según él, «está cerca del colapso». Omite que él está influyendo, y mucho, para que ello se dé. El pasado 29 de enero firmó una orden ejecutiva que califica a Cuba como una amenaza a la seguridad estadounidense, medida que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel calificó como fascista, criminal y genocida. Dicha orden vino a sumarse a las más de 240 medidas implementadas anteriormente por Trump, con el objetivo de asfixiar económicamente al país, subvertir el orden interno, crear una situación de ingobernabilidad y derrocar la Revolución. (Algunas de cuyas medidas relacioné en mi artículo Viaje solidario por Cuba (y II), La Opinión, 8-XI-2022).

He viajado a Cuba en dos ocasiones, en la primavera de 2008 (quería conocer la Cuba de Fidel) y, en viaje solidario y en compañía de otras 20 personas, en octubre de 2022. En las dos ocasiones tuve la ocasión de charlar con los intelectuales cubanos, biógrafos del Che, Froilán González y su compañera Adys Cupull. En esos encuentros nos transmitieron el empeoramiento de la situación social de la isla a partir del llamado ‘periodo especial’, tras el desmembramiento de la Unión Soviética. Pero, hoy, el criminal bloqueo a que está sometido el país desde 1962 y, por qué negarlo, errores de planificación económica y haber desaprovechado la ayuda externa para impulsar un mayor desarrollo en sectores estratégicos agrícolas e industriales han determinado que la vida cotidiana haya llegado a ser insostenible: una crisis energética con prolongados apagones (ya los conocí en octubre de 2022); la suspensión de vuelos; una crisis material que alcanza a la alimentación, los cuidados y la salud pública…

Hace unos días, y firmada por la ciudadana cubana Ikay Romay, una Carta abierta al mundo desde Cuba, que se hizo viral en redes sociales, denunciaba que “lo que hoy vive mi pueblo es un asesinato lento, calculado, fríamente ejecutado desde Washington”. El documento describe un cuadro realmente dramático: ancianos que mueren antes de tiempo por falta de medicamentos; incubadoras sin funcionar por falta de combustible; hambre programada; barcos con suministros para la isla, perseguidos; ausencia de material quirúrgico y sanitario… Ikay denomina al bloqueo ‘crimen de lesa humanidad’ y hace un llamamiento internacional para revertir la situación y defender la soberanía e integridad territorial de su país.

Díaz-Canel, tras la intervención yanqui en Venezuela y el corte drástico del flujo de barriles de petróleo a su país (en el mejor momento de las relaciones Chávez-Castro llegó a ser de 100.000 barriles/día), se ha visto obligado a poner en marcha un plan de contingencia con medidas como la reducción de la semana laboral a cuatro días; modalidad semipresencial de la Universidad de La Habana, y recortes de los servicios de transporte. El otro gran abastecedor de petróleo, México, país que suministraba unos 17.000 barriles/día, interrumpió esos envíos ante la extorsión de D. Trump, aunque su presidenta, Claudia Sheinbaum, anunció, en días pasados, su aporte de ayuda humanitaria, al tiempo que explora soluciones diplomáticas para restablecer el suministro de crudo a la isla.

Según diversas fuentes, el cerco económico de Cuba ha conducido a una contracción del PIB de más de un 11% durante los últimos cinco años, con una apreciable merma de los ingresos por turismo. La crisis coincide con una cierta desafección política hacia los cuadros dirigentes de la revolución, según Vera Lopes, corresponsal de Brasil de Fato en La Habana, pese a lo cual afirma que en la isla aún perviven niveles muy altos de conciencia y adhesión a esa revolución, que la prensa internacional obvia interesadamente. Según él, el patriotismo permanece incólume y revitalizado tras el secuestro de Maduro.

Ante la actitud pasiva de Rusia y China, nada predispuestas a jugarse sus estrategias geopolíticas (Rusia bastante tiene con su intervención en Ucrania, y China está inmersa en plena guerra arancelaria con los EEUU, aunque últimamente está diversificando sus relaciones comerciales), y la inoperancia de la ONU (en estos últimos años, la Asamblea General se ha pronunciado en 29 oportunidades contra el bloqueo de Cuba, sin resultado alguno), Carlos Flanagan, en su columna El bloqueo continuado a Cuba: un genocidio vergonzoso (Rebelión, 18-02-26), plantea la necesidad de constituir una nueva institución supranacional, una suerte de Organización Mundial de Naciones Independientes. Empero, opina que la tarea urgente que se impone hoy es que Rusia y China, haciendo valer su inmenso poder militar, garanticen una ruta marítima libre y segura para el suministro de petróleo y otros insumos imprescindibles para la población.

Cuba, ese bello país caribeño cuyas buenas gentes, pese a la dramática experiencia de su lucha contra la decadente España de la Restauración borbónica de finales del siglo XIX, guardan unos indudables lazos emocionales y culturales con la ‘madre patria’, no merece el olvido de la comunidad internacional. Aunque se atisban algunos gestos: el presidente Pedro Sánchez anunció el envío de una ayuda de un millón de euros y, a la hora de redactar estas líneas, me llega la noticia de que un convoy con ayuda humanitaria, por aire, mar y tierra, organizado por varias oenegés internacionales, tiene previsto llegar a La Habana el próximo 21 de marzo.

El mestizaje, la interculturalidad, el alto nivel formativo del pueblo y su solidaridad internacionalista demuestran que Cuba es una potencia humana, educativa y cultural de la que el etnocentrismo blanco y occidental debería aprender. Este país no merece seguir experimentando esa trágica soledad.

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