Opinión | PAN PARA HOY
Cronista taurino
El derby de los yunques

Derbi FC Cartagena-Real Murcia / Pepe Valero
Jamás en mi vida he visto más Guardia Civil que en aquel Cieza-Compostela de ascenso a Segunda B. Gente brava los ciezanos (¿qué será de ese viejo y su gallao?). Cieza-Abarán es un derbi serio. Atlético-Real Madrid, pipas; Real Sociedad-Athletic, abrazos y besitos; en el Boca-River se disparan de vez en cuando para mantener la leyenda, pero ná de ná. Un Cieza-Abarán está a la altura de un Águilas-Lorca en agosto, cuando un central con cara de central decide que merece la pena arrancarle la tibia al extremo delgadito que acaba de tirarle un caño.
Esta semana toca derbi entre Real Murcia y FC Cartagena, habituales en tragedias balompédicas. No se sabe quién llega peor: el Murcia no gana desde hace cinco jornadas, lo que demuestra la fe resuelta en el ideal. En Alcorcón, a los 26 segundos, expulsión del portero tras un error defensivo de los de «guárdame la cría». Sale el suplente –cúbateme el sujeto–, y en el minuto 41 encaja un gol medio olímpico medio en propia tras un córner envenenado. Al Murcia le crecen los enanos y vuelve a mirarse en el charco fatal de su destino.
El Cartagena cesó a su entrenador interino después de ganar al Marbella. Al rostro de Alejandro Arribas, en el que se dibujan las ojeras preceptivas del que acaba de ser papá, se le van oscureciendo paulatinamente los surcos por culpa de su Efesé. El club había anunciado la contratación de un nuevo técnico, y hubo de suspender la rueda de prensa al enterarse de que no tenía los papeles necesarios para dirigir el domingo.
Si digo que son dos clubes desgraciados, apenas describo el paisaje. El Murcia colecciona descensos administrativos como calcetines divorciados en el fondo del cajón; el Cartagena, derrumbes y reconstrucciones. Hace quince años, en Montilivi, un penalti aparentemente detenido acabó entrando tras rebotar en el tacón del murcianista Cifuentes, suspendidas todas las leyes de la física. En el Cartagonova, hace 27, esperaban un tanto para poder subir a Segunda. Llegó: 0-1, gol del Córdoba. A ambos lados del Puerto la alegría dura lo justo para que te dé tiempo a empezar a sospechar.
El derbi, en realidad, no cambia nada. Gane quien gane, en los bares se discutirá igual, por el fútbol o la marinera. El lunes, en la oficina, las puyas que hoy se afilan, encontrarán víctimas en las que alojarse. Bajo una máscara de burla se esconde el compadecimiento del que se reconoce en el de enfrente. El disgusto siempre es de ida y vuelta. La verdadera competición es ver quién sufre mejor. Hoy yunque y mañana yunque otra vez. Y si no, al tiempo. Si te crees martillo vives engañado.
Yo solo pido coherencia: que gane el peor.
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