Opinión | MUJERES INTERESANTES
MARÍA MARTÍNEZ
Claire, novia del húsar y otras revertianas

El escritor cartagenero Arturo Pérez-Reverte / Iván Urquizar
Se cumplen cuarenta años desde que Arturo Pérez-Reverte publicara su primera novela, El húsar. Y asoma una de las claves narrativas de su literatura: la guerra real, sin gloria ni héroes. Lo contrario de la idea ilusionante que el joven húsar de Estrasburgo y buena cuna, Frederic Glüntz, trae con orgullo a España para estrenar su sable y caballo en la Guerra de la Independencia. En su tierra napoleónica le esperaba la linda Claire, de 16 años, vestida de azul, el color de sus ojos y el del cielo de Andalucía que él contempla ahora. La brutal realidad de vivir la guerra («mierda, barro, sangre, soledad y frío») lo decepciona, y rechaza la estúpida concepción romántica de la joven novia rubia. La historia de la humanidad concatena guerras y mujeres que esperan a sus hombres, cual Penélope homérica.
Y, además, mujeres guerreras que participan —sin ser todas protagónicas, pero sí destacables— en la novelística revertiana como parte de una realidad no solo histórica sino literaria incontrovertible. La honorable viuda de un oficial de artillería, María Beano, que dejó a sus cuatro hijos para sumarse al cerco de Monteleón donde se enfrentaba el 2 de mayo de 1808 el pueblo de Madrid contra los franceses en Un día de cólera. Maclovia Ángeles, la soldadera silenciosa de trenzas y grandes ojos negros y pistolón al cinto, valiente, imperturbable y leal mexicana en la Revolución de Villa y Zapata (1911), que sigue a su hombre hasta la muerte. La fascinante, inteligente y misteriosa comunista Eva, que engaña a Falcó, ambos espías al servicio de los bandos de la Guerra Civil. Guerra bíblica cainita donde resurgen en primera Línea de Fuego valientes mujeres en torno a la batalla del Ebro (1938). Inspiradas en personas reales: la miliciana Patricia Monzón ‘Pato’, técnico de telecomunicaciones; la sargento comunista Expósito, y Vivian, reportera norteamericana.
El reportero-escritor vivió muchas guerras. Las yugoslavas de los 90 plasmadas en Territorio comanche (con capítulo homenaje a reporteras: «Hay mujeres que tiene un par») o El pintor de batallas (inolvidable Olvido Ferreirós). Para dialogar con ecuanimidad de guerra —»perversa geometría del caos», frase revertianaV—, de nuestra Guerra Civil, esa que todos perdimos, como mantiene el título de la aplazada XI edición de Letras en Sevilla, quedamos emplazados a octubre. A la espera de que hablen por los muertos, su memoria y los valores sepultados, quienes con dialéctica útil, racional y conciliadora inhumen aquellos bandos, aquellos que en 1978 permitieron la convivencia democrática. Basta ya de zumbidos guerracivilistas, de enjambres de moscas, símbolo de muertes bélicas en la narrativa de Pérez-Reverte.
Aguantamos hasta entonces, y también para una nueva novela del admirado novelista.
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