Opinión | Misa de doce

Director de la Filmoteca Regional
Bad Bunny merece el Nobel

Bad Bunny, durante su actuación en el descanso de la Super Bowl 2026
«Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio y, si hoy estoy aquí en el Super Bowl LX, es porque nunca dejé de creer en mí». Hasta hace apenas un par de semanas, en mi entorno, admitir que te gustaba Bad Bunny era sinónimo de que te etiquetaran de garrulo o algo peor. Sin embargo, desde el pasado lunes se ha producido un giro de 180 grados y la percepción del artista por parte de los ‘popes’ que manejan la cosa de la cultura ha cambiado de forma radical y Bad Bunny, de ser visto como un personaje zafio, producto de la cultura reguetonera, ha pasado a convertirse en un auténtico icono cultural, símbolo de vanguardia y de reivindicación social y política.
No me considero un fan incondicional de Bad Bunny pero he de reconocer,y ahora parece que la coyuntura le permite a uno presumir de ello, que he disfrutado más de una vez de alguno de sus temas. Por encima de estúpidos prejuicio (bueno, los prejuicios siempre lo son), el portorriqueño es una figura clave del mainstream cultural que ha construido una narrativa muy particular desafiando normas y rompiendo estereotipos.
Y es que, queridos amigos, lo que este señor ha conseguido en estas últimas dos semanas ya forma parte de los anales de la música: convertirse en el primer cantante en ganar el Grammy al Álbum del Año con un disco enteramente en español y protagonizar el show del intermedio de la Super Bowl, el mayor evento mediático de Estados Unidos.
Como hemos comentado anteriormente, el hito que ha supuesto su actuación en el intermedio de la LX edición de la Super Bowl trasciende lo meramente artístico y se convierte en una reivindicación sin precedentes en favor de la justicia social y la cultura latina. Por primera vez en la historia, durante el espectáculo del descanso de la Super Bowl, recordemos que es la cita musical más vista en Estados Unidos y buena parte del mundo, se habló única y exclusivamente en español. A
lgo, por otra parte, a todas luces no extrapolable a una sociedad como la española. ¿O se imaginan ustedes que durante el descanso de la final de la Copa del Rey de fútbol hubiera un show íntegramente en árabe que buscara reivindicar esa cultura? Asumo la hipérbole, puesto que la comunidad hispana en Estados Unidos es gigantesca en comparación con el grupo demográfico árabe en nuestro país, pero aun así me parece un ejemplo bastante revelador.
«Qué rico es ser latino». Con esta frase dio comienzo Bad Bunny su actuación reafirmando la identidad latina y reivindicando América como un continente plural, unido, que no se limita única y exclusivamente a Estados Unidos. Transmitió un mensaje de resiliencia, superación personal y gracias a él se ha disparado en Estados Unidos el interés por aprender español. Pero sobre todo reivindicó el amor como el arma más poderosa frente al odio. En apenas trece minutos, este puertorriqueño de 31 años ha hecho más por la paz y la fraternidad que la mismísima ONU. Para que luego digan que la cultura sobra. Él sí que merece el Premio Nobel de la Paz.
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