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Opinión | La escuadra

Puertas al campo

Lo han vuelto a hacer. Según ellos más de 2000 tractores bloquearon las carreteras que son de todos y nos impidieron a muchos llegar a nuestros puestos de trabajo, esos donde no nos subvencionan casi nunca casi nada. Es lo que tiene tener tuneladoras a mano, que las pones donde quieres cuando quieres y el que tenga narices que las aparte. Ya nos gustaría a los del sector de la tecnología, por decir algo, poner millones de bytes en fila en la autopista y poder cortarla, o a los peluqueros peines, o a los cirujanos una fila de bisturís, pero no, no tenemos medios, ellos sí y a la fuerza ahorcan.

El mensaje es el de siempre: el campo se muere. Pero si miramos los balances de las grandes corporaciones que lideran el sector, lo que parece no agotarse es la pasta que les genera el mismo campo que lleva media vida muriéndose. La industria agroalimentaria de la región sigue operando en macrocifras y algunas fuentes refieren hasta el 20% del PIB regional, más de 8000 millones de euros al año capitaneado por grandes grupos que obtienen rentabilidades casi insultantes mientras el discurso oficial se envuelve en la bandera de la vulnerable explotación familiar utilizando el drama del pequeño agricultor para justificar el bloqueo de los servicios públicos, cuando en realidad se está defendiendo un modelo que ha convertido lo que siempre fue un secano privilegiado en una fábrica de exportación de alto coste. Ahora el enemigo es Mercosur, o dicho de otro modo, los productos que vienen de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay o Bolivia. El argumento es que los productos de fuera no cumplen los estándares que aquí se exigen. Es la misma cantinela que se aplica sistemáticamente a los mercados vecinos como el de Marruecos. Queremos disfrutar de las ventajas del libre mercado para exportar a precio de oro una lechuga a Europa, pero exigir un cerrojazo fronterizo en cuanto la competencia global aprieta. No se puede reclamar el capitalismo para vender y el proteccionismo para competir. Si un producto viene de fuera con menos calidad porque se exige menos en origen, estará etiquetado convenientemente indicando su procedencia y sus características particulares, el consumidor no es tonto, aunque puedan insistir en que no es capaz de diferenciar, y tiene el derecho de decidir si quiere pagar un producto peor a un precio mas bajo o un producto mejor o con mas garantias a un precio mas alto, esto se llama mercado y está inventado hace muchos siglos.

Apuntandonos a este modelo, mañana deberían salir a cortar todo lo cortable los fabricantes de coches que operan en España, más de 17 plantas activas, o los de Alemania con más de 50, sujetos a la normativa europea, porque les viene mal que vengan coches chinos más baratos y con amortiguadores peores -digo yo- que lo mismo ni eso. No caben estas actuaciones. Hay que hacer lo que hacen todos los sectores ante la competencia global, reinventarse, sin llamar a papá estado para que les saque las castañas del fuego.

Y no nos metamos en el jardín del coste hídrico y el colapso natural al que nos acaba llevando este asunto de sostener un sistema que consume un recurso tan escaso en Murcia como es el agua. Producir cultivos de alta demanda hídrica en una zona semidesértica es un desafío a la lógica que ninguna subvención puede ocultar eternamente. Dicen que no se pueden poner puertas al campo, pero algunos intentan ponerlas al mercado. Tener un tractor más grande que la razón no otorga el derecho a secuestrar ni autopistas ni el tiempo de los que al final, pagamos a precio de oro lo que los mercados europeos han decidido que nos podemos comer en Murcia, que si de verdad quieres comerte la mejor lechuga tendrás que ir por ella a Alemania.

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