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Opinión | Miradas furtivas

Juan Ballester

Juan Ballester

Fotógrafo

Los mensajes de López Saguar

Julio López Saguar

Julio López Saguar / Juan Ballester

Coincidiendo con el inicio del segundo cuarto del siglo XXI, la ciudad de Cartagena acaba de inaugurar el FotoFest 2026, un macrofestival dedicado al mundo de la imagen y con el que se quiere rendir homenaje a esta técnica tan universal. De entre las numerosas muestras programadas, en la sala de exposiciones Domus del Pórtico podemos ver la colección «Conversaciones en silencio» del madrileño Julio López Saguar.

Desde luego ‘las redes’ están revolucionando el mundo, aunque no sepamos exactamente para qué ni hacia dónde. Sin embargo, una de las cosas buenas que nos han traído es la amplitud del conocimiento; es verdad que se trata de un conocimiento sin fronteras (o sea, sin control), pero quizá estén ahí las claves del nuevo orden que nos atropella. Y es que, ¿desde dónde o desde cuándo habríamos podido los murcianos saber, hasta ahora, sobre la existencia de las imágenes de este fotógrafo, uno de los más lúcidos y profundos observadores de la realidad que conocemos? Y nos resistimos a llamarlo simplemente fotógrafo, por no limitar a lo anecdótico sus verdaderas cualidades, porque, hoy en día, se han democratizado tanto las actividades que hasta no hace mucho requerían de un destino previo, que se le llama pintor a todo aquel que coge un pincel, como fotógrafo a todo aquel que dispara una cámara, es decir, a toda la humanidad.

Pero queremos definir a Julio López Saguar como un enorme observador de la realidad y una persona lúcida, porque, una cosa es fotografiar lo que miramos y otra muy distinta es saber contar a través de las imágenes un mundo propio, dedicarse a dejar pistas sobre la intangible e infinita realidad que a todos nos atañe, mientras que su evidente lucidez radica en que para poder lanzar esa especie de ‘botellas con mensaje’ que arroja al mar de los tiempos, sólo una mente sensible y profunda como la suya puede tener esa necesidad por transmitir una parte tan significativa (como tan poco valorada) del mundo actual en el que nos movemos. Paradójicamente en sus ‘conversaciones’ no aparece interlocutor alguno porque, en realidad, lo somos todos, los de ahora y los de siempre.

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